Por Cristian Molina
Notas de este autor

20 diciembre, 2012

Nos adentramos en las profundidades de los lanzamientos literarios más destacados que tuvo el 2012 a nivel local y te ofrecemos el informe más completo que se puede encontrar en Rosario.

-2. Excursus

El Viejo V es uno de esos académicos de provincia que no amerita demasiada presentación. Salvo por algunos detalles que pueden, obviamente, contextualizar la precariedad punzante de lo que sigue. Si bien es un personaje odiado y bastante despreciado por muchos anti-institucionales, El Viejo V siempre ha mantenido una posición rara tanto respecto de los anti como de los pro institucionales. Nace en un viejo pueblito perdido en la frontera de Santa Fe y Córdoba. Allí inicia estudios en un colegio nacional. A diferencia de sus maestros, en lugar de leer dos o tres cuentitos de Cortázar o uno de esos best-sellers de moda, se hizo fanático de varios autores que no aparecían en los manuales. A uno de ellos, Vicente Luy, lo encontró en la biblioteca de la Escuela. Cuando llevó uno de sus poemas a la clase de literatura, lo terminaron amonestando.

Por eso, sabe que la institución no es un paraíso, pero tampoco un infierno, porque al fin de cuentas fue en la institución donde pudo acceder gratuitamente a muchos autores que, dada la precaria condición de sus padres, nunca hubiera conocido de otro modo, y aunque sus docentes no los leyeran. Por lo tanto, descree tanto de los anti como de los pro institución. Prefiere estar en la institución para pervertir las bibliotecas desde adentro –afuera solo queda la quejita o el  vestirse de marginadito- y por lo tanto, sacar fuera de sí a la misma institución. Vivió sus más de ochenta años donde nació.

Y se hubiera quedado en el pueblo, si no fuera porque en 2010, comenzó a padecer una extraña enfermedad: los dedos de sus manos empezaron a deformarse con una serie de tumores que tenían un alto grado de reincidencia. Como fue sometido a más de treinta y nueve operaciones en muy poco tiempo, el médico le aconsejó trasladarse a la ciudad, porque según él, sus tumores se debían al contacto con ciertas sustancias que se suspendían en el aire por un particulado que emanaban las cerealeras o que se desprendía del campo en épocas de cosecha. El Viejo V inició acciones legales contra el Municipio y contra las cerealeras.

Perdió, porque no se podía comprobar fehacientemente la conexión entre sus tumores y el particulado, por más que a esa altura existieran más de cincuenta casos de la misma patología en la población. De modo que no le quedó otra que la ciudad. En 2011 se trasladó a Rosario, donde vive actualmente. Durante ese año se propuso a estudiar toda la literatura del lugar. Y lo hizo.

En 2012 llegó a conclusiones absurdas. Como un extranjero que es, lo que dice en las notas siguientes es completamente ridículo. Pero pienso que algo de sinceridad hay en todo. Una especie de experiencia que se coagula con la intensidad de un tajo y, quizá, como la última chance que le queda de intervenir en una literatura sobre el final de su vida –sabe que los tumores, tarde o temprano, se volverán incontrolables. Por eso me parecía importante acercarles estas notas a ustedes. Porque sé que sabrán entender los desaciertos y los aciertos de esa pobre vidita.

1. Previa

Lo que sigue es arbitrario. No pretendo ser exhaustivo, ni me interesa dar cuenta de lo que ha tenido objetivamente mayor peso simbólico en literatura rosarina durante el año 2012. Solo intento contar una experiencia con la literatura en ese año. Dar cuenta de sus vectores y de sus singularidades en relación con las inflexiones que aparecen o que terminan de coagularse durante ese año en la literatura rosarina y que son, además, a las que he tenido acceso. No desconozco lo problemático de esa operación crítica. Lo poco serio. Pero el hecho es que no soy serio, perfecto, ni autoritario como para creérmela. Esos valores cristalizados como supremos en la práctica literaria y crítica me parecen banales, absurdos y hasta abstracciones para ocultar relaciones de poder. Acá no habrá nada de careteada. Esto es lo que me interesa contar y que sirva como advertencia para los sensibles o coléricos. ¡Pare de leer! Si se siente mal cuando las cosas no son como Ud. quiere.

2. Pasado

Hay un problema que surge inmediatamente: ¿Qué es la literatura de Rosario? La pregunta tiene una larga tradición, a través de numerosas intervenciones y aportes, como los de Roberto Retamoso, Eduardo D’Anna, Osvaldo Aguirre, Martín Prieto y otros. Hago un corte. Lo rosarino se referirá a lo producido e imaginado en o desde la ciudad, relativo a la literatura e involucrará diversos niveles, no necesariamente centrados en libros y autores –aunque también-, porque, sin dudas, el acontecimiento central que logra coagularse con mayor evidencia a lo largo de 2012 es la consolidación de un proceso que viene gestándose desde hace décadas: un gran dinamismo del mercado literario de la ciudad.

2012 arranca con un vértigo que apabulla. Surgen no solo nuevos agentes literarios, y se consolidan otros, sino que además aparecen nuevas colecciones, autores, antologías, páginas webs, se amplían catálogos, se transforman editoriales, aumentan las visitas de escritores nacionales e internacionales a la ciudad. 2012 tiene, así,  la energía de un dragón que despega del suelo y que con una bocanada incendia el presente y el pasado, dejando a su paso las cenizas del futuro.

El proceso de explosión literaria viene gestándose desde hace décadas y lo impulsan no solo experiencias exitosas de agentes y editoriales como Beatriz Viterbo desde 1991, sino, además, eventos que fueron transformando la vida literaria de una manera hasta ahora poco apreciada, como el Festival Internacional de Poesía de Rosario, o los premios, como el otorgado por la Emr, o las financiaciones estatales concretas como el caso de Espacio Santafesino. Más allá de estos canales con notable visibilidad, me interesa señalar, particularmente, los movimientos casi marginales que desde los ’90; pero fundamentalmente a partir de 2000, comenzaron a trazar vectores de fuerza mínimos y que hoy se han consolidado como máximas de intervención.

Me refiero a experiencias como Biblioteca Ele, de Héctor Piccoli, espacio pionero en edición digital de libros electrónicos en el país, a Espiralnético (2004), un colectivo nucleado en torno de la circulación y producción de contenidos virtuales, a Eveling (2004), un grupo performático y editorial que contó con una página web, y a Sonidos de Rosario (2006; en proyecto desde 2001), de Adolfo Corts. Se trata de las primeras páginas webs que imaginaron modos diferentes en que la literatura rosarina podía pensarse a través de Internet o a través de intervenciones performáticas. Y a su alrededor se encuentran las más significativas experiencias para-culturales de editoriales alternativas, como la editorial independiente Ciudad Gótica (1992), dirigida por Sergio Gioacchini, Junco&Capuli (2004), de Mercedes Gómez de la Cruz y Los Lanzallamas (que funcionó primero como revista), donde se publicaron obras como las de Fabricio Simeoni, entre otrxs[1].

Si algunas de esas experiencias –no todas– se fueron apagando casi en un parpadeo a lo largo de los 2000, en 2012, se consolidan otras en absoluta sintonía, que indican que esas primeras iluminaciones formaban parte de un flujo que estaba ahí instalándose definitivamente como parte del funcionamiento literario. Y esa fugacidad de algunas experiencias en convivencia con la persistencia de otras es, además, constitutiva de las lógicas en que la vida literaria rosarina deviene.

3.0 Web

De este modo, 2012 es el año en que asistimos con asombro a la hegemonía de la web como espacio de difusión, publicación y convocatoria de los eventos y de las  producciones literarias rosarinas. No solo porque la mayoría –si no todxs- de las instituciones, agentes, escritores, editoriales emplean de manera casi común el espacio para difundir sus novedades, sino porque en este año, la literatura rosarina comienza a tener un espacio web de prensa literaria específica: Letracosmos.com.ar

El espacio, dirigido por Diego Colomba y Adolfo Corts, se desprende del “Salón de lectura” de  la página Sonidos de Rosario, que contiene la puesta en voz de los textos de escritores de diferentes lugares del país[2]. La página se define como espacio de prensa y de difusión y, por lo tanto, en un primer nivel, reduce el gesto autoritario y paternalista del punto de vista crítico como la única manera válida y prestigiosa (hasta hegemónica) de construir y de armar catálogo. La página, por el contrario, precisamente por eso, se ha transformado en un espacio con un dinamismo impensable para la cultura literaria local, con una actualización diaria, que no solo alcanza, por esto, una mayor cobertura temporal que las ediciones en periódicos de los suplementos culturales de la ciudad, sino que ha comenzado a funcionar como una agenda obligada de lo que ocurre en la literatura rosarina.

Pero además, en un segundo nivel, esa misma página funciona como espacio que mantiene abierta la publicación de producciones propias en formato multimedia (entrevistas, inter-textos, inéditos) de autores rosarinos en una convivencia con una política de post-producción que tiende a linkear y reseñar notas sobre la producción literaria de la ciudad proveniente de diversos medios. Y ahí sí hay criterios de selección evidentes que se presentan en la sección “autores”.

Letracosmos pasó a funcionar como un espacio específico en permanente interacción y complementariedad con otros espacios web como la Revista eSeo como ClubdeFun, o Atypica, o con la edición web de los suplementos de los periódicos locales, que venían funcionando como espacios donde se publicaban producciones culturales no siempre relativas a la literatura. Su dinamismo y valor residen precisamente en esa tensión entre suspensión y reafirmación del punto de vista crítico en cada uno de los niveles señalados.

X. Colecciones

Ese dinamismo de la web se acompañó por la consolidación de dos de los acontecimientos editoriales alternativos más significativos del año: el cierre de la Colección de Poesía de Tropofonia y la aparición de la colección Brillo de Poesía Joven de Ivan Rosado. Tropofonia surge como propuesta radial de Gervasio Monchietti y de Sebastián Moreno a fines de 2007. La editorial empieza publicando una revista a finales de 2008 y La colección de poesía arranca en abril de 2010, con un gesto artesanal y autogestivo muy fuerte que podemos leer en Trincheta (de Monchietti), el primer libro de la colección: “La trincheta / crea posibles /a tajos”. La trincheta, una herramienta ligada a la mano, delinea desde entonces una política editorial basada en la confección artesanal del libro mediante técnicas de encuadernación a través de ediciones limitadas y por demanda.

Pero lo más interesante de ese gesto autogestivo es que no se agota en esa primera edición, sino que se abre desde ella a la incorporación de nuevos autores que publican, en su mayoría, por primera vez un libro propio. De modo que no es solo un espacio de elaboración artesanal del libro, sino, además, de construcción de firmas autorales que comienzan a tener visibilidad en la literatura rosarina. Es un riesgo de máxima frente al mercado de firmas ya consolidadas, y un gesto que distingue a este emprendimiento de otras editoriales con formato artesanal que toman la precaución económica de publicar en su mayoría a firmas prestigiadas por diversas instancias, aprovechando, incluso, los movimientos del mercado, sin intervenirlo con la construcción de un catálogo singular.

La colección de poesía de Tropofonia se completó en 2012, con nueve títulos que se nuclean en torno a “un después del objetivismo y del neobarroco” en la literatura argentina. Se trata de una poesía que elabora voces potentes, en un fuerte trabajo con la oralidad, pero trazando sus escurrimientos y distancias de esas dos poéticas. Entre ellos, el libro pop de Tomás Boasso y Ramiro García, El hit del verano, o las confesiones vacacionales e intimistas de Pilar Almagro Paz en Veraneo, o los Huesitos de Irina Garbatzky. Tropofonia, además, ha participado de diversos eventos de nivel nacional e internacional que le permitieron generar redes que excedieron los límites de la ciudad.

Ivan Rosado surge en 2009 como un espacio paracultural y como una librería donde tuvieron lugar diversas actividades. Se trata de un “proyecto matrimonial” de Ana Wandzik y Maxi Masuelli, que nuclea a artistas plásticos y escritores. Al principio funcionó en la casa de sus directores, pero en 2011 la librería se constituyó en el Club Editorial Rio Paraná, con la Biblioteca Popular –y ambulante– D.G. Ponti Lagarde, ícono punk de los ‘90. Ivan Rosado comenzó a funcionar, así, como espacio editorial y en 2012, financiado por Espacio Santafesino, lanzó al mercado la Colección Brillo de poesía Joven.

Excepto en los dos últimos libros, los primeros cuatro de la colección cierran con una foto donde un grupo de amigos posa y sonríe a cámara. Ese foco en la amistad como valor a exhibirse ya estaba presente en la Revista “Unión y amistad” que la editorial producía, y permite visibilizar los valores que sostienen las políticas editoriales del sello. Esas “políticas de la amistad” cuestionan el criterio meramente esteticista y permiten blanquear uno de los valores que ha producido literatura durante gran parte de la historia literaria. Porque la amistad, y sobre todo en el arte, no es meramente una reunión arbitraria y afectiva de personas, sino que son esos valores, precisamente, los que nuclean intereses estéticos, literarios y políticos comunes, los que se esgrimen como criterios de selección del catálogo y de las obras, incluso de los amigos.

La colección, así, reúne voces potentes, algunas con una experimentación poética inicial (Julia Enríquez, Agustín González), otras con una voz consistente y cruda como Alejandra Benz, otras con un trasheo escandaloso como Virginia Negri, y otras dos ensayando caminos más juveniles y surrealistas, como Daiana Henderson y Milton López (Bahía Blanca). Lo interesante es que la empresa editorial y el Club están íntimamente ligados y permiten generar intercambios de nivel nacional de las producciones locales a partir de invitados para desarrollar actividades múltiples, así como mediante una red de distribución en librerías de diferentes puntos del país. Ivan Rosado y el Club Editorial Rio Paraná se han transformado en referencias imprescindibles de la cultura local del presente.

Estas dos experiencias son correlativas de otras alternativas paraculturales de la ciudad, como la editorial La Pulga Renga, Éditions du Cochon, Espiral Calipso, Hipólita Ediciones, Janvs Editores, que se desarrollaron en la ciudad de Rosario durante 2012 –algunas aparecieron este año- y que se nuclearon como espacio de intercambio común en la FLIA rosarina que se desarrolló varias veces en Plaza Libertad y en el Paseo de Artesanos del Río, en Pichincha.

Son significativos, además, nuevos emprendimientos que comenzaron a tomar consistencia durante el año, como Río Ancho Ediciones, una cooperativa de escritores que publicó a diferentes autores de la ciudad y que destaca entre sus objetivos: “posibilitar la difusión de textos valiosos de autores noveles o poco conocidos abriendo así una alternativa genuina al circuito editorial hegemónico”. También se debe destacar el trabajo que la editorial “Yo soy Gilda” ha realizado durante el año, con la edición del libro de Lila Siegrist, Vikinga Criolla, con la reciente publicación de Casi boyitas, el libro del artista plástico Daniel García y de la poeta Gilda Di Crosta, y con un prometedor libro que compila los trabajos literarios de diversos artistas plásticos de la ciudad que saldrá en 2013. Por último, el catálogo que ha construido la editorial Serapis amerita destacarse, con autores de la ciudad y de la región, y con una solvente apuesta por el diseño, la interrelación de formatos y una red de distribución amplia, de alcance internacional.

Todas estas editoriales dan cuenta de un intercambio productivo más allá de las fronteras geográficas –incluso internacionalmente–; pero también de la emergencia de autores poco conocidos, de la elaboración de un catálogo alternativo y singular. La dinámica puede observarse, incluso, en la inauguración de las co-ediciones entre Beatriz Viterbo y la UNR de algunas investigaciones sobre literatura surgidas de investigadores en el ámbito universitario. Como si la literatura rosarina, en diversos niveles, estuviese dando cuenta de un dinamismo paulatino que excede los límites geográficos y que habla de un momento de gran efervescencia y reconocimiento de su producción.

10.Visitas

Frente a esta revitalización del mercado local, no es casual que en la Facultad de Humanidades y Artes, durante este año, se hayan llevado a cabo las segundas Jornadas Académicas La literatura de Rosario, con participaciones especiales y actividades de intervención comunitaria que mejoraron la primera edición de las mismas. Digo que no es casual, porque pusieron en evidencia el peso específico que ha adquirido la literatura de Rosario, y que suscita la atención de la academia. Las Jornadas articularon reflexión teórico-crítica con producción literaria, movilizando diversos circuitos y actividades en la ciudad. A la misma se sumaron invitados especiales como Angélica Gorodischer, Alberto Laiseca, Daniel García Helder y Osvaldo Aguirre, entre otros.

Este tipo de actividades se complementó con las visitas de Sergio Chejfec, Graciela Montaldo y Tamara Kamenzsain, organizadas por los centros de estudio de la Escuela de Letras, que sumaron intercambios a la cohorte de invitados nacionales e internacionales del XX Festival de poesía de este año, como Roberto Echavarren y Arturo Carrera.

6.Antologías

2012 fue también un año de antologías. La primera apareció en el mes  de marzo, bajo el sello Baltasara editora. Se trató de la compilación de Carolina Rolle, Rosario. Ficciones para una nueva narrativa, donde se publicaron textos muy diferentes estéticamente de autores noveles de la ciudad. Otra de las antologías fue Nada que ver. Cuentos de escritoras rosarinas, con prólogo de Beatriz Vignoli, una co-edición entre las editoriales cordobesas Recovecos y Caballo Negro. Las autoras seleccionadas fueron: Carolina Musa, Amanda Poliéster, Verónica Laurino y Natalia Massei, entre otras. La tercera se trató de la antología de poetas rosarinxs elaborada en el marco de la celebración por los veinte años del Festival Internacional de Poesía de Rosario, compilado por María Lanese.

Las antologías permitieron poner en la escena una constelación de autorxs provenientes de diversos mundos y estéticas que generaron un gran impacto en la cultura literaria local. La Antología de Baltasara editora, por ejemplo, en su presentación logró tener una concurrencia de público inaudita para ese tipo de eventos.

9. Lxs raritxs

En relación con el Festival Internacional de poesía de Rosario, fue el año en que Gabby de Cicco (La Torta Dandy) participó leyendo Queerland y sus últimos poemas inéditos basados en la música de Patty Smith. La visibilización de la producción LGBT (y no digo queer) de la ciudad que se viene realizando desde hace algunos años en el Festival Internacional de Poesía, se relacionó a su vez con diversas actividades y eventos literarios en los cuales comenzó a coagular cierta comunidad literaria LGBT alternativa a los circuitos tradicionales de la literatura rosarina.

Hubo varias instancias de intervención, una de ellas durante la semana del orgullo a principios de julio, cuando se realizaron lecturas y performances en Chavela Bar. En este sentido, 2012 fue el año en que Susy Shock se convirtió en una visita recurrente a la ciudad; con su estética trans-pirada realizó diversas lecturas/shows en locales y centros culturales con una enorme concurrencia de público.

La misma semana del orgullo se llevó a cabo la puesta performática del Volumen Carne, de La Malcriada de tu lengua, en Bienvenida Casandra. Fue una puesta en escena de un corpus poético perteneciente a las dos actrices-poetas protagonistas, Maia Morosano y Ceci Mil, que contó con la dirección de Tania Scaglione, con la percusión de Malena Rozín y con la producción de Luchi Fernández. La Malcriada es un blog de Morosano y gracias a él surgió la idea de hacer “rodar por los escenarios esos poemas en forma de volúmenes temáticos y performáticos” en diferentes formatos con poetas invitadxs, de modo que se construyera una obra colectiva.

El volumen IV, en escena hasta julio del 2012, apuntó a la carne como un sistema de subjetivación que, sin embargo, genera poesía. En un momento,  Maia Morosano despliega una bandera gay desde la espalda y dice:- “Yo soy gay/ no puedo adoptar/ y estos negros siguen teniendo hijos”. Hay toda una historia condensada de las reivindicaciones políticas hasta el presente en esa frase, de una puja por los derechos que, sin embargo, no ha sido suficiente como para transformar el sistema cárnico, y que, a veces –no siempre–, recae en otro clisé. Lejos de victimizar a los movimientos y a las militancias, o de elevarlos a una categoría heroica, La malcriada permite visualizar cómo, en ciertas ocasiones, la lógica cárnica del prejuicio está o circula instalada también en su interior.

Además de estas actividades de la comunidad LGBT, se realizaron homenajes a Alejandra Pizarnik en Chavela Bar y a Néstor Perlongher en Bienvenida Casandra, organizados por  Gabby de Cicco y Javier Gasparri.

8. Libros et all

Hay textos que son significativos de las publicaciones de este año. Hubo muchísimas novedades editoriales de autores con una enorme relevancia cultural, como Molinari Baila, de Beatriz Vignoli, Umbra y otros poemas de mayo, de Gilda di Crosta, Oratorio Morante de Osvaldo Aguirre, San Nicolás de la Frontera de Pablo Makowsky, Baja tensión de Diego Colomba, El excursionista del Planeta, de Sandra Contreras, la obra completa de Beatriz Vallejos, entre otros. También, algunos libros de autores con impacto en la cultura local, como Rumania Santa Isabel, de Marcelo Cutró, Retrovisor/Espejo de Federico Rodríguez, Vergüenza de Verónica Laurino y Tomás Boasso, Espina de Maguey, de Mariana Vacs. Pero me interesa detenerme en otros.

Por ejemplo, en el libro de poemas de Leandro Gabilondo, Delivery con lluvia, quien actualmente vive en Buenos Aires, y cuyo trabajo fue editado por la rosarina Espiral Calipso. Los poemas del libro desarrollan una intensidad oral que describe con crudeza y a veces con crueldad las experiencias cotidianas de la vida contemporánea. Se trata de una imaginación que media la realidad a través, muchas veces, de un imaginario mediático o fílmico, de una forma arrasadora.

En poesía, 2012 fue, además, el año de uno de los mejores poemas de la literatura rosarina de los últimos tiempos, “Los asesinos”, de Juan Manuel Formente, quien ha desarrollado un trabajo poético prácticamente desconocido en su blog Picopá. La poesía de Formente tiene eso que ha desaparecido de gran parte de la poesía contemporánea: la coagulación de un instante con una intensidad descarnada que se perfila en una voz subjetivante. Cito el poema:

Los asesinos

Escapa y se muere.

El cómplice,

mientras tanto,

muerde una papa salada,

mira…

El asesino,

mientras tanto,

acierta un nuevo piedrazo

y comienza la sangre

aún intenta escapar

pero ahora los movimientos son en el mismo lugar…

“ya está”, dicen

y corren a patear un cartel

y el problema no es la paloma

ni el cartel

el problema es el ruido

“déjense de romper las pelota”, les gritan sus padres

y acatan.

En narrativa, reparo en dos libros. Por un lado, en la novela recientemente premiada de Mario Castells, El mosto y la queresa (Segundo premio de la Emr). Castells es un narrador con gran destreza en su propuesta. Preocupado por los procesos político-populares, sus narradores protagonistas reconstruyen una voz en el límite. La misma se arrastra en un torrente donde el español se transforma a partir del contacto con el guaraní, explayando experiencias que siempre perfilan un mundo material sacudido por la historia.

Por otro lado, se reeditó el libro de Aldo Oliva, El fusilamiento de Penina, a través de la editorial Puño y Letra. El mismo había sido reeditado en España, pero este año, coincidiendo con el estreno del documental Hombres de ideas avanzadas, el libro volvió a estar  en las librerías de la ciudad. Narra la historia de Penina, un joven anarquista catalán fusilado durante la primera dictadura militar en Argentina. El libro tiene un eminente valor histórico y documental, puesto que había sido quemado en la Biblioteca Vigil junto a otros 80mil escritos durante la dictadura militar.

211212. Fin del mundo

Todos estos acontecimientos literarios no son los únicos que se desarrollaron en 2012, pero bastan para dar cuenta del evidente dinamismo y la gran efervescencia cultural que atraviesa la producción literaria rosarina. Tal vez, los casos no conformen a muchos, tal vez haya omisiones absolutamente voluntarias e intencionales y otras por pura ignorancia. Lo cierto es que durante este año se ha hecho evidente con una contundencia singular que la literatura de Rosario ha construido un mercado literario articulado por distintas producciones y diferentes agentes que le otorgan un dinamismo pocas veces visto a lo largo de la historia, y que están posicionando a Rosario como referencia literaria a nivel nacional.

 

Notas

1. Mercedes Gómez de la Cruz junto con Pablo Crash Solomonof editaron primero la revista Los viajeros de la Underwood, donde apareció lo más significativo de la literatura rosarina de los ’90.

2. 2012 fue para Sonidos de Rosario el año en que se pudieron incorporar una gran cantidad de nuevos escritores a su “Salón de lectura”, gracias, en parte, a haber obtenido el financiamiento de Espacio Santafesino del Ministerio de Cultura y Educación.

Para quien tenga ganasde más proponemos un recorrido audiovisual por los Circuitos Literarios de Rosario.

Por Cristian Molina