Por Marcela Alemandi
Notas de este autor

7 septiembre, 2014

La esencia de la pesadilla kafkiana: estar atrapado en un burocrático e intrincado sistema de justicia, respondiendo preguntas absurdas y acusaciones aún más absurdas, defenderse no se sabe muy bien de qué acusaciones, con argumentos difusos e imprecisos, pero con la sensación de estar cada vez más “complicado”, el miedo al castigo y la constancia de la imposibilidad del acceso a la “justicia” y a la “ley”. En El Proceso, de Franz Kafka, Josef K. es arrestado una mañana, sin razón aparente, y obligado a sufrir un periplo desconcertante, pero cada vez más amenazador, en su intento de defensa ante la instancia judicial.

En la Rosario contemporánea, una compañía de actores que intenta llevar un clásico del teatro (Hamlet, de William Shakespeare) a los escenarios barriales y populares, se encuentra en una situación similar al tener que dar explicaciones ante un amenazante e inquisidor funcionario judicial, sin saber de qué se los acusa, pero con el miedo creciente ante la inminencia de ser encontrados culpables.

La obra de teatro Tales, que se presenta todos los sábados de septiembre a las 22 hs. en el Centro de Estudios Teatrales (San Juan 842), tiene entre sus marcas distintivas el excelentísimo nivel actoral de sus tres protagonistas, da gusto disfrutar en el circuito teatral independiente de Rosario de performances de la calidad de las de Juan M. Raimondi, Federico Cuello y José Pierini. Cada uno de ellos desarrolla su papel con maestría y oficio: el personaje de Pierini, un funcionario judicial maniático y celoso de su labor, con una oculta inclinación por el canto y la actuación, contrasta con los actores representados por Raimondi y Cuello, que sostienen sus ideales de justicia social en su trabajo, y al mismo tiempo sobreviven animando fiestas infantiles y eventos sociales, siempre intentando no “traicionarse“.

   El concepto de intertextualidad es honrado como nunca en esta pieza, repleta de guiños, citas y reinterpretaciones que el espectador agradece: Shakespeare y Kafka, pero también Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota; además de una interacción constante con la realidad rosarina, la perspectiva de los barrios y los rebusques de los artistas para subsistir sin tirar la toalla y sin contradecirse demasiado.

   Al conjugar todos estos elementos, la obra da un giro hacia una comedia entretenida y por momentos hilarante, en especial el personaje de Raimondi trabajando de osito de peluche para animar a los niños, pero no carece de momentos dramáticos: las tensiones entre los dos compañeros, una antigua historia de amor y competencia, Raimondi sobresale en su representación de un hombre con baja autoestima, temeroso ante la posible traición de su amigo y compañero y de la mujer que ama; mientras que la contradicción de Pierini, que se debate entre su admiración por los actores y el desprecio que deja traslucir hacia sus ideales, alcanza picos culminantes a lo largo de la historia.

   Tales nos ofrece lo mejor del teatro rosarino: excelentes actuaciones, una historia atrapante y plena de significaciones, una oportunidad para reflexionar y buenos momentos para reír a carcajadas, oportunidades que se agradecen siempre.