Notas de Teatro y Danzas
La Quema: Todos los fuegos… El fuego
Gustavo Guirado logra encender los cuerpos de Claudia Schujman y Paula Fernández para incendiar todo Rosario.
La llama que mantiene encendido el teatro “independiente” rosarino (no es un término muy correcto para definirlo, pero under y off son peores y más ajenos) está sin dudas en los cuerpos que se exponen a la milimétrica cercanía de las miradas en las pequeñas salas de la ciudad.
Gustavo Guirado entiende eso, dice que “el teatro es el actor” y su gran apuesta en La Quema son las intensas actuaciones de Claudia Schujman y Paula Fernández. A la salida de cada función, habrá tantos comentarios distintos como espectadores, pero los elogios a las enormes interpretaciones serán el punto de mayor coincidencia.
La Quema habla de las cenizas en realidad, como metáfora de lo que alguna vez fue y ya no es. Una ex directora de escuela que dedicó su vida a la institución escolar, una vez jubilada sólo puede aferrarse al pasado para que su vida no pierda sentido, y distintos objetos serán el médium para no perder ese "hilo de miserable unión" como escribiera Pizarnik. Los mismos objetos que su compañera regala a quien sea, para lo que sea, en un frenético despojo de las cosas, que contrasta fuertemente con su apego a vestir la ropa de los muertos, de los que alguna vez fueron, y ya no son más que un recuerdo.
La tensión entre el mundo exterior y el interior, tema recurrente en la dramaturgia del director, también se hace presente, mediante un “afuera” que ingresa a través de la radio, donde Carlos Del Frade (audio) informa que los rosarinos están quemando sus pertenencias en las esquinas en un delirio colectivo que, recuerda a los estallidos sociales que cíclicamente incendian la ciudad, aunque esta vez teñidos de un clima extrañamente festivo.
La puesta en escena es tan metafórica como el relato, hay dos o tres objetos que están y muchos más que “brillan por su ausencia” al punto que las actrices, van reconstruyendo para el espectador una imagen de lo que supo ser, antes, en otra época, porque ahora el espacio está despojado de todos los fuegos de artificio, para permitir un goce pleno del único que mantiene vivo el teatro: el fuego de la interpretación del actor.
txt: Dardo Ceballos