Por Maira Sánchez
Notas de este autor

7 octubre, 2015

A partir de una idea ambiciosa -convertir un museo en un escenario- Sebastián Villar Rojas logra establecer un diálogo profundo entre una obra de teatro y el arte contemporáneo.

Con una inusual y desafiante puesta en escena, el dramaturgo y director teatral rosarino presenta El imperio de lo frágil, una obra de teatro, una tragicomedia ácida y mordaz sobre el anhelo de consagración artística. Con las salas como escenario, con las muestras como escenografía y con los recursos disponibles en la institución, esta obra propone habitar intensivamente el espacio del museo como un fantasma.

¿Qué pasa cuando una obra tradicional propone otro tipo de recorrido? ¿Qué pasa cuando la arquitectura de un museo se presta a un nuevo juego? Sebastián Villar Rojas se dejó llevar, exploró el espacio y dispara todo su potencial como director de manera ascendente por siete salas de un museo.

También, antes del estreno, charló con ClubdeFun sobre este nuevo desafío.

La obra tiene una particularidad como la de convertir un museo en un escenario, ¿cómo se originó esa búsqueda?
En primera instancia tiene que ver con el texto y con la temática de la obra que tiene un vínculo con el arte contemporáneo porque narra una historia vinculada con un artista conceptual que tiene ciertas características particulares, principalmente la de practicar el arte de la provocación. Además es totalmente abstracto, no tiene ningún tipo de obra física y eso de alguna manera generó el primer impulso.
La obra inicialmente estaba pensada para hacerse en un teatro convencional, pero de viaje en Brasil, más precisamente en el aeropuerto de San Pablo, tuve una suerte de epifanía y se me ocurrió hacer la obra en un museo, en el Museo de Arte Contemporáneo de Rosario (MACRo).
Como en la obra se menciona a Oscar Niemeyer, algo del cruce entre la arquitectura del aeropuerto y los silos Davis me remitió al arquitecto. En esa conjunción apareció la idea que en un principio me pareció bastante descabellada, pero enseguida le escribí a Marcela Römer -directora del Castagnino+Macro- e inmediatamente me respondió interesada.

el imperio

El MACRo es la primera institución que alojará el proyecto. El imperio de lo frágil toma forma y dimensión ocupando 7 salas y 7 pisos durante 11 escenas. En el transcurso de la trama, será el público quien acompañará a tres actores en su camino ascendente por el edificio provocando encuentros inesperados con las muestras que habitan en el museo.

El director, dice sobre el proceso de ensamblaje: “Fue un proceso no planificado, totalmente espontáneo y movido por la toma de confianza y el conocimiento del espacio. Ya la palabra museo sugiere una serie de formas de moverse que tienen que ver con la solemnidad, con lo intocable, con la preservación y con el cuidado. Fuimos midiendo día a día y ensayo a ensayo hasta dónde avanzar. Nunca se había hecho algo así, nunca una obra de teatro había ocupado toda la institución”.

¿Percibís esta experiencia como una nueva manera de consumir teatro?
Creo que esto puede acercar el hecho teatral a un espacio que ya cuenta con un público que asiste a las muestras, que está interesado en el arte contemporáneo, y viceversa. Puede producirse una especie de lectura de hibridación de público y esa sería la idea. De todas maneras no creo que esto vaya a cambiar profundamente ciertas dinámicas que ya se vienen dando tanto en el campo teatral como en el artístico. Pero sí me parece que resulta una propuesta muy seductora. La idea de este cruce realmente entusiasma de una manera que me sorprende y quizás eso habla de la necesidad de producir más. Esto puede llegar a abrir un espacio nuevo, de cruce entre teatro y arte dentro de Rosario.

Por el desafío, el formato y la puesta en escena, ¿se podría decir que El imperio de lo frágil es tu obra más ambiciosa?
Todas las obras presentan algún desafío o núcleos que significan un enorme obstáculo para el que lo lleva adelante. Pero en este caso hay algo del espacio que plantea un desafío muy grande porque tratamos de abarcar siete pisos y además porque la obra surgió hace un par de años y tuvo sus colapsos, sus momentos de crisis. Eso sucede siempre, pero hay algo de este proceso que me significó un esfuerzo muy grande. La realidad agrega su lado salvaje, medio caótico y catastrófico. Uno va adquiriendo información, madurez artística y emocional, pero hay elementos que son impredecibles.
En este caso, El Imperio de lo Frágil, como su nombre lo indica, tuvo algunas cuestiones que me hicieron ir y venir varias veces y aún así el proyecto siguió sobreviviendo. Estuve casi dos años escribiendo la obra. Tuvo su proceso de amalgama y desde que empezamos a ensayar en el museo se sumó el último desafío que fue abarcar las instalaciones, así que podríamos decir que es una de las obras más ambiciosas que he hecho.

A modo de adelanto, ¿qué es lo que intentan transmitir en esta obra y con qué se va a encontrar el espectador?
El imperio de lo frágil tiene dos ejes, son historias que disparan hacia varios lugares y se van articulando en un argumento que termina en situaciones que parten de lo múltiple y van haciendo eje en un punto de confluencia.
Desde lo temático, la obra opone a personajes en una situación ideológica antagónica. En relación al espacio creo que la propuesta se entusiasma por sí misma, el público va a perder el miedo a esta cuestión de ir por todo el museo porque rápidamente las dinámicas se van intuitivamente entendiendo. Está todo planeado para que resulte entretenido y dinámico para el espectador y que no se sienta un objeto de nuestra experimentación. Hay un cuidado tanto por su entretenimiento como por su persona.

¿Cómo es la relación y la dinámica de trabajo de los actores con las salas y muestras que forman parte del museo?
La dinámica fue una de las partes más complejas de este proceso porque había que ensayar una obra que era un desafío actoral. Es realmente increíble lo que sucede. El desafío está en mover o modificar cuestiones consagradas dentro del teatro que tienen que ver con el oficio en sí porque el hecho teatral para consumarse plenamente necesita de la repetición. Hay algo de la repetición y de la quietud de ciertas cosas que permite que el teatro fluya y empiece a apropiarse de ese espacio, pero acá lo que sucede es que los actores no van a poder acostumbrarse nunca porque el espacio siempre va a estar modificado.
Ensayamos con una escenografía compuesta por obras que son propiedad del museo, vamos a estrenar con otra porque se renovaron las muestras a finales de agosto y terminaremos la temporada con una tercera escenografía. Eso de alguna manera rompe uno de los ejes centrales del teatro en su forma tradicional. No busqué generar un hecho performático, traté de sostener las lógicas de producción dentro de un espacio tradicional. En esa tensión, entre tratar de sostener la lógica de lo teatral y el desarme de esa lógica que provoca estar en un museo, es donde me parece que está la zona de originalidad. La gente va a venir a ver una obra de teatro pura.
También tuvimos la suerte de ingresar en el mismo espacio donde vamos a estrenar. Eso provocó una inserción, una pasión e invasión que no se habría podido lograr de no haber tenido tanto tiempo de ensayo. Los actores se fueron apropiando y fueron naturalizando complejidades que de lo contrario hubieran sido atroces, como por ejemplo la acústica y otras cuestiones que hacen al quehacer teatral.

Luego de las presentaciones en el MACRo, ¿la obra se va a presentar en otros museos?
La idea es circular sólo por museos de arte contemporáneo, vamos a empezar por Santa Fe y después seguiremos por el interior del país. Hay varios museos en Argentina y nos interesa la posibilidad de generar circulaciones por lugares como Bahía Blanca, Salta y Córdoba.

Sinopsis

Laila Gilman es una estudiante de Bellas Artes con poco talento pero con un deseo incontenible de triunfar. Está en pareja con Ricardo Pérez Condarte, un reconocido arquitecto en el apogeo de su carrera. Treinta años mayor que ella y devoto de la obra de Oscar Niemeyer, coordina desde Rosario el proyecto Puerto de la Música. Tanto Laila como Ricardo están en la búsqueda de la Obra de sus vidas: el arquitecto, la de su definitiva realización humana y profesional; la estudiante, la de su debut tardío en un mundo lleno de egos y recelos. Es una aspirante a artista jugando su última carta: un proyecto escandaloso y una figura prestigiosa para legitimarlo es la fórmula que elige. Sex Art será el proyecto; Doriss, la figura. Joven y oscuro, tanático, cruel, su arte basado en la provocación ha conquistado a críticos y galeristas de todo el mundo “a fuerza de llevarlos al borde de su propio instinto asesino” (New York Times). Cada nueva obra de Doriss “nos hace dudar de las bondades de la libertad de expresión” (Le Monde) y “nos pone de cara con nuestra propia tolerancia” (La Nación). Casualmente, es rosarino, y está de paso por la ciudad para donar al MACRo su primera obra, Amigos del arte. Un cuadro lo muestra abrazado a Hitler. Otro, a Pinochet. Un tercero, a Jorge Rafael Videla. Richard, viejo militante de izquierda, tiene ganas de escupirlo. Laila, de hacerle el amor. Y Doriss, de intentar un nuevo experimento con estos dos humanos.

El autor explica que esta forma original de abordar el espacio y la obra es, en gran parte, gracias a la relación que mantiene con los protagonistas de la historia. Julio Chianetta, Juliana Morán y Nicolás Valentini Lassus, encantados con la propuesta desde la primera hora, mantienen una relación con su director para nada naif. “Con los actores hay una relación artística que tensiona ciertos ejes humanos. Trato de llevar al actor al máximo de su potencial, intento moverlo siempre de su lugar. En este caso los tres actores son muy diferentes, tienen registros muy particulares. Hubo que articular esas tres zonas de actuación y eso requirió desplazamientos fuertes y por lo tanto vínculos que de alguna manera se fueron tensionando, distendiendo y volviendo a tensionar. Eso me parece que es fundamental para poder sacar algo de las personas. Si uno no está dispuesto a desplazar a las otras personas de su lugar, no va a haber un encuentro artístico potente”. Y agrega: “En el arte el disfrute requiere esfuerzo. Obviamente que hay placer, pero también hay sufrimiento, angustias, ansiedades e incluso temores por tocar zonas de incertidumbre. La potencia en el arte viene de esa posibilidad de desplazar límites propios y ajenos”.

Tal es así que esta obra invita a transitar una línea de cambio constante, que se construye y desarma durante el transcurso de la historia que habita en el museo. Una aventura íntima e inmediata.

El imperio de lo frágil se estrena este jueves 8 de Octubre, a las 20hs, en el Museo de Arte Contemporáneo de Rosario -MACRo (Bv. Oroño y el Río Paraná).

Las funciones continúan todos los jueves de octubre y la capacidad es limitada.Para quienes requieran ascensor habrá 7 lugares disponibles por función. Chequear disponibilidad al reservar: 3412470912
Valor derecho de espectáculo: $100