Walter Becker y Lucas Di Santo directores de A dos tintas, flamante y última producción cinematográfica local estrenada en las pantallas de nuestra ciudad, nos cuentan cómo transformaron su proyecto de tesis en una película de verdad.
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A dos tintas
¿Cómo arranca este trabajo? Tenemos entendido que fue el proyecto de tesis final de la carrera de Cine que ustedes hicieron…
Walter: Exactamente. Arrancó como un mediometraje, pero a medida que fuimos desarrollando la historia nos dimos cuenta que daba para más. Así que se planteó como tesis pero terminó siendo también una producción independiente porque, si bien contamos con los equipos de la escuela, después el resto de la producción la costeamos nosotros. Lucas: Pero también fue un desafío. Un desafío de mostrar una película diferente en Rosario. Una película que tuviera, a nuestro entender, muy buena técnica y muy buenas actuaciones. Y a la vez, una película que pudiera estar a la par de cualquier otra que uno va a ver al cine. Que no sea solamente tildada como “independiente” o “de bajo presupuesto”. Walter: Es que por ahí a veces se malentiende lo “independiente” como algo desprolijo, hecho rápidamente y sin cuidado de por ejemplo donde pega la luz. Nosotros tuvimos especial cuidado en esas cuestiones.
¿De qué trata la película?
Lucas: La película cuenta la historia de Federico Figueroa, un escritor cuarentón que sufre esquizofrenia. Comienza cuando él es dado de alta, pero igualmente debe seguir con la medicación y a veces frecuenta al psiquiatra en el hospital donde se desarrollan talleres en los que él participa. Mientras tanto, comienza a escribir una novela que transcurre en la época de Rosas, en 1847. En esta historia que él escribe, él mismo es el protagonista: es un profesor de pintura que se enamora de una chica llamada mercedes. Él siempre creyó en que los personajes que él había inventado, existían. Se sintió siempre como un dios que manejaba a los personajes de su historia. El conflicto comienza cuando Juan, uno de sus amigos del taller del psiquiátrico, dibuja a una mujer idéntica a la que él imaginó. Entonces las dudas sobre lo que es real o no, aparecen. Y la película es la búsqueda desesperada por hallar a esta mujer.
¿La película fue filmada íntegramente acá en Rosario?
Walter: No, digamos que el 80% lo filmamos acá. Pero también trabajamos en el psiquiátrico de Oliveros. Filmamos la primera parte ahí, que es una especie de documental donde tratamos que los actores interactúen con los internos. También estuvimos en la Facultad de Agronomía de Zavalla y en una estancia en Rueda.
¿Cómo fue esa experiencia en el psiquiátrico?
Walter: La película empieza con una subjetiva de nuestro personaje recorriendo el psiquiátrico. Allí se ven los internos reales y los pabellones. Lucas: Queríamos mostrar de alguna manera la idea de dos mundos paralelos. El documental sería el mundo real y desde ahí partir a otro mundo, que sería el mundo de la ficción. Para que a medida que avance la película no se sepa qué es lo real y qué no. Siempre jugamos con la dualidad de las cosas, desde el título “A dos tintas”.
¿Cuándo se dieron cuenta de que la película debía dejar de ser un mediometraje para transformarse en un largo?
Walter: Creo que se dio por el tipo de historia. Nos fuimos metiendo en todo lo que rodea a la esquizofrenia, hablamos con psicólogos, etc. De hecho, Daniel Michelli, el protagonista, es psicólogo y a medida que hablábamos, nos fuimos dando que la historia era bastante compleja y que no se podía resolver en un mediometraje porque el tema necesitaba un tratamiento más profundo. Lucas: Aparte uno cuando se pone a escribir, no se limita y dice: “bueno voy a escribir un mediometraje”. La historia fluye y de repente te das cuenta que tenés un guión de 90 páginas y es imposible resolver eso en menos de 30 minutos.
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