Un nene jugando con la cámara
Jueves, 21 de Junio de 2012,
Una nota sobre la figura del Nene Molina, quien acaba de rodar "El hechicero" para la televisión digital argentina.
El movimiento
Hector “el Nene” Molina fue parte de la generación que con la vuelta a la democracia se propuso hacer cine rosarino desde Rosario, con una base prácticamente inexistente y teniendo que aprender mientras producían. Hoy es vice-decano de la Facultad de Ciencias Políticas y Director de la carrera de Realización Audiovisual en la escuela provincial.
Pero quizás el mayor aporte del Nene al cine rosarino, no esté en 16 mm, sino en el apasionamiento que transmite por la profesión, tal es así que un número grande de los jóvenes trabajadores audiovisuales reconocen que en algún punto Molina fue decisivo en la elección o el amor por la carrera.
Los que lo conocen bien dicen que es un enfermo del cine como otros lo son del fútbol, él dice que llegó a abrazarse con un amigo festejando una escena de una película y eso sobra como muestra.
Es un depositario de anécdotas, aunque dicen que las mejores son las historias de él que no se pueden contar. Impulsivo, sin filtro cuando habla y generoso, capaz de regalar el par de anteojos que está usando a alguien que le dice que le gustaron, llegar al final de un rodaje en pleno invierno con chocolates y whisky o tomarse un tiempo en una filmación suya para explicarle la elección de la iluminación a alguien que recién está empezando.
Tiene esas personalidades a lo Maradona que lo hacen atractivo pero también que plantean amores y odios. Es sin dudas uno de los personajes ineludibles para entender el cine local y con el cual todos deberíamos tener una anécdota.
Mi anécdota
Ilusión de movimiento, la película del Nene, fue mi inicio como militante del arte rosarino, sabía que el director era un profesor de la facultad y tenía amigos de amigos que habían sido parte del rodaje, por primera vez sentía que algo grande como una película pasaba cerca de mí.
Nunca antes había visto a Rosario en pantalla gigante. Un amigo dice que el plano que hay en calle Primero de Mayo donde de fondo se ve el Monumento fue necesario para el cine local. Identificar los lugares de la ciudad, extras y algunas costumbres que se mostraban me hizo sentir parte de todo eso aunque no había movido un dedo, o sí, con mi entrada lo estaba empezando a hacer.
La película le llevó un par de años, hasta en el camino le creció el primer actor que iba a hacer de chico y el reemplazo la rompió. En los 110 minutos que dura sintetiza muchas de las obsesiones que se ven en toda su obra: la amistad, la militancia y una fotografía con encuadres envidiables.
Por ese tiempo el Nene Molina era uno de esos profesores que te encontrabas siempre en Berlín y fue en esas circunstancias que me acerqué para felicitarlo. La parte de la felicitación fue mi única intervención en el diálogo, el Nene se encargó del resto. Hacía poco había salido una crítica con mala saña en el diario Clarín que yo desconocía, eso lo tenía obviamente afectado y fue lo que llevó gran parte de la charla.
Para un director que se propone hacer un cine íntegramente rosarino desde su producción hasta su narrativa, es cuanto menos injusto que el veredicto condenatorio o absolutorio sea dado por alguien de otra ciudad. Y eso cabe para todas las producciones locales.
De esa larga escucha hoy sólo me acuerdo de una cosa que me dijo sobre el crítico “¿pero sabés que? yo hice una película”. Esa frase que puede parecer simple me quedó dando vueltas; no como afirmación, porque es una verdad evidente, sino como consejo; como diciendo valorá lo que hagas y si tenés ganas de hacer algo podés hacerlo.
Segundo encuentro
Hace unas semanas volví a hablar con el Nene, otra vez mi parte fue poca, y me di cuenta de que esas palabras dichas en Berlín bastante tarde son un mantra para él “yo quiero hacer cine y nadie puede decirme que no puedo”. Valga esa frase positiva para toda la producción local.
Le recuerdo lo de nuestro encuentro pasado y me lee como quien muestra su intimidad un mail que escribió hace poco por otra cosa, donde vuelve a hablar de ese crítico de apellido Vinelli, “¿por qué no se las agarra con una mega producción yankee, en lugar de molestar a los realizadores del interior?”, me dice y tiene razón.
Desde Rosario parece que todavía estamos lejos de poder llegar al primer mundo del arte si antes no pasamos por Buenos Aires o tenemos la venia de la metrópolis. Ese es seguramente el espacio a conquistar, poder si queremos puentear Buenos Aires, no depender de una buena crítica o de algún contacto, seguramente ahí comenzará a verse el mejor cine rosarino.
Más de lo mismo
Héctor Nene Molina nació en Buenos Aires el 13 de Marzo de 1962. Reside en la ciudad de Rosario desde su infancia. Director, productor y guionista de Cine. Actor y Director de Fotografía. Profesor de la Universidad Nacional de Rosario, la Escuela Provincial de Cine y TV de Rosario y la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños (Cuba).
Entre su filmografía como Director se encuentra: Cabecita Negra y Los Oficios Terrestres, ambas codirigidas con Gustavo Postiglione. Como Director y Productor: Noche de Ronda, Los días del Hijo, Ilusión de Movimiento, La Bóveda. Como Director de Fotografía: Camino a Santa Fe, Tremendo Amanecer, La Peli, Días de Mayo. Como actor participó del film El Asadito, y en la obra de teatro Malvinas. También ha realizado numerosos cortos, publicidades, videoclips y programas de televisión.
En 2011 estrenó el documental Los rosarinos para Canal Encuentro (co-producido con la UNR) y actualmente se encuentra realizando la posproducción de la ficción El hechicero, una miniserie para la Televisión Digital Abierta.



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