El Ombú Bonsai: el arte de editar libros

Miércoles, 21 de Marzo de 2012,

Por Ivana Mondelo

El Ombú Bonsai: el arte de editar libros

Nicolás Manzi, Rafael Carlucci y Rodrigo Castillo | Foto: Ivana Mondelo

Un proyecto que combina oficio y estética para lograr libros especiales, con mínimos recursos que se aprovechan al máximo.

En junio del año pasado se realizaron en nuestra ciudad las primeras Jornadas de Literatura Rosarina en la Facultad de Humanidades y Artes. El panel “Narrativa de Rosario”, con una masiva concurrencia, reunió a tres escritores para reflexionar acerca del pasado, presente y futuro de la producción literaria local: Angélica Gorodisher, Osvaldo Aguirre y Jorge Riestra, Premio Nacional de Literatura en 1988.

En aquella charla, Osvaldo Aguirre destacó una serie de cambios positivos que en los últimos años le han otorgado una nueva valoración a la narrativa rosarina, y también a otros géneros. Uno de los cambios que más se destacó fue el sistema de concursos y premios que, si bien son modestos en términos económicos, son importantes en tanto significan para muchos escritores una forma de promoción.

"El problema - dijo Aguirre esa tarde- sigue siendo el siguiente paso, porque son pocos los ganadores de concursos que pueden seguir publicando. La literatura de Rosario necesita editoriales que publiquen a los autores no reconocidos, a los nuevos narradores, los que tienen su segundo libro y todavía no pudieron publicar”.

Jorge Riestra, quien a los 85 años por primera vez disertaba en el ámbito académico de la UNR, fue quizás un poco más cruel: “Rosario (en los años 40), era una ciudad dormida y todavía no despertó. No sé cuánto da hoy en día de respuesta porque todavía es muy dependiente. Rosario durante mucho tiempo produjo creadores silenciosos que no buscaron el triunfo ni el aplauso: Gambartes, Grela, Herrero Miranda, Musto. Ellos trabajaron siempre en silencio y la ciudad les fue totalmente indiferente".

Las palabras de Riestra y Aguirre vuelven a mi cabeza mientras voy camino a encontrarme con los integrantes de El Ombú Bonsai, pequeña gran editorial autogestiva de nuestra ciudad que desde hace cuatro años y con mínimos recursos, viene apostado por otorgar visibilidad a los escritores de Rosario y la zona, a través de la publicación de libros realizados de manera totalmente artesanal, ubicándose muy lejos de la lógica impuesta por la industria y el mercado editorial actual.

Nicolás Manzi, Rodrigo Castillo y Rafael Carlucci son los impulsores de este proyecto que arrancó en el año 2008. Se conocieron en los pasillos de la Facultad de Humanidades y Artes, a través de amigos en común, cuando El Ombú Bonsai –según me cuentan- todavía no era un proyecto editorial pero sí en cambio existía una claridad en cuanto al rumbo que querían seguir: generar las condiciones para que un autor pudiese editar su propio libro, materializando así su propio trabajo.

Comenzaron a juntarse para intercambiar y aprender conocimientos prácticos de encuadernación y lo que arrancó como una posibilidad concreta de publicar libros por encargo se transformó en la edición de un catálogo propio, que sólo durante el 2011 sumó a más de 6 autores, lo cual no es poco si se tiene en cuenta que lo que distingue a los Ombú Bonsai es el trabajo que realizan en cada uno de los ejemplares.

Pensar cada libro como una pieza única sin perder de vista lo “estéticamente bello”, es la esencia de la editorial. Para ello llevan adelante un proceso de encuadernación que busca personalizar cada libro. El sello distintivo está puesto en la elaboración de tapas duras forradas con papel pintado a partir de la técnica de marmolado, que aprendieron a través del contacto con el artista Ato Menegazzo, quien desde Buenos Aires se terminó asociando al proyecto.

 

Bueno, barato y bonito.

El Ombú Bonsai se encuentra estratégicamente ubicado en una de las habitaciones de la casa de Nicolás. Convertida en una suerte de oficina- taller, donde se reúnen dos veces a la semana,  se pueden reconocer entre las mesas y escritorios algunas de las herramientas manuales que utilizan en la tarea de encuadernar, como una guillotina y una prensa. Allí los encuentro para charlar, mientras ellos trabajan en el armado de libros que forman parte de un encargo del año pasado que por estos días están terminando.

“En este último año nosotros crecimos mucho, aprendimos un montón de cosas. No sólo en el trabajo de encuadernación sino también en el laburo de socializar, de estar con la gente, de charlar sobre el proyecto y sobre todo que los autores se involucren. Fue un crecimiento constante y sostenido”, afirma Nicolás mientras, pincel en mano, encola las tapas marmoladas para unirlas con el cuerpo del libro, es decir, las hojas cosidas.

Encuadernar, me cuentan, les lleva su tiempo, pero es un tiempo que utilizan también para reflexionar sobre el propio trabajo, discutir caminos a seguir y realizar una cuidada selección de los títulos que se incorporarán al catálogo. “No podemos editar a todo el mundo porque tenemos muchas limitaciones, pero creemos que ése es el valor que tiene nuestro trabajo”, dice Nicolás y Rodrigo agrega: “De algún modo eso que nos limita y condiciona también nos permite ir armando algo que tenga un sentido”.

El precio de venta de un ejemplar del Ombú Bonsai ronda los cincuenta pesos. Los tres se muestran satisfechos de poder hacer un producto accesible para todo el mundo sin perder de vista la cuestión singular de cada libro. Les digo que, en algún momento, sus libros pueden llegar a convertirse en verdaderos objetos de colección, porque las tiradas no llegan a los 200 ejemplares y se agotan rápido. “Puede ser –dicen, mientras se toman un momento para pensar la idea-. Pero lo más importante es que los libros se vendan, nosotros no queremos tener libros caros, queremos libros que podamos comercializar”.

 

En sociedad con los escritores.

Las editoriales locales –las grandes sobre todo- no facilitan a los escritores la publicación de su material, sino todo lo contrario: en la mayoría de los casos los autores tienen que pagar de su bolsillo las ediciones porque las editoriales no se arriesgan cuando consideran que el mercado es limitado. “Nuestro proyecto guarda algunos puntos en común con las editoriales tal como las entendemos, pero también es totalmente diferente. Nosotros lo pensamos desde el cooperativismo”, afirma Nicolás.

Para los Ombú Bonsai no se necesita mucho dinero para hacer una tirada de libros de escritores que estén trabajando seriamente, que hayan ganado algún concurso o simplemente tengan material para publicar. “Es importante que los autores no paguen sino que además cobren por el trabajo que hicieron. Las nuestras son tiradas chicas y, al no haber intermediarios ni distribuidores, a medida que vendemos los libros le damos al autor la parte que le corresponde”.

Pero ¿cómo funciona en la práctica la idea del escritor asociado al proyecto? Es simple: una mínima inversión y un máximo aprovechamiento. El Ombú realiza una primera tirada pequeña, de 30 ó 50 ejemplares, en la que invierten dinero del fondo de la editorial, fruto de trabajos anteriores. De la venta de esos ejemplares se encarga fundamentalmente el autor y el dinero resultante es la “plata fresca” que se invierte en una tirada más grande, con presentación incluida, de la cual saldrán las ganancias para repartir entre el autor y quienes laburaron en la edición.

Trabajar de esta manera les brinda la posibilidad de limitar las mediaciones que implica el sistema actual de las editoriales grandes a favor de los escritores, cuyo trabajo es fundamental. “Así co-participamos de las ganancias de un modo más justo”, dice Rodrigo. Rafael agrega que la diferencia está dada en el punto de partida: “Desde que empezamos a trabajar siempre tuvimos  ganas de hacer libros, para que cada autor más allá de sus posibilidades económicas pueda tener su libro en la calle, independientemente de la cantidad y al mismo tiempo reconociendo que debe ganar por su trabajo”.

Sobre los proyectos para este año los Ombú me cuentan que, además de reeditar los libros lanzados el año pasado, en mayo presentarán “Molinari Baila”,  de Beatriz Vignoli, y más adelante "Praga de Noche" de Javier Núñez y dos títulos de poesía de Eduardo D’Anna y Sonia Contardi. También surgió la posibilidad de editar un libro de cuentos de Betina González -Premio Clarín en 2006- una oportunidad que les permitirá poner un pie en Buenos Aires, una de las ideas que tenían en mente para 2012.

¿Por qué “El Ombú Bonsai”?, pregunto antes de despedirme. “Para mí el símbolo del ombú es determinar un espacio, la pampa húmeda, mi lugar, Rosario”. El que responde es Nicolás, oriundo de Venado Tuerto, que muchos años atrás cuando fantaseaba con la idea de tener una editorial había esbozado ese nombre y su amiga Sabrina, le diseñó el logo.

El trabajo de los Ombú se consolida aún más a partir del reconocimiento mutuo que existe con el resto de las editoriales pequeñas y autogestivas de la ciudad (Tropofonía, Último Recurso, Club Editorial Río Paraná, Baltasara Editora, las últimas lanzadas hace pocos días, por nombrar sólo algunas), con quienes comparten espacios de debate, asesoramiento y discusión, como por ejemplo la F.L.I.A. (Feria de Libros Independiente y Autogestiva). Esto ha generado para la ciudad una nueva red de trabajo y comunicación dando cuenta del surgimiento de una nueva lógica editorial, totalmente nueva y diferente a la lógica anterior.

“Si existe ese reconocimiento es porque estaba siendo necesario ofrecer un espacio así. El nuestro además no es un espacio cerrado, nosotros lo vamos reformulando, nos reinventamos todo el tiempo”, sostiene  Rodrigo. “Uno toma referencia en relación a su alrededor. Estamos acá ‘plantados’ en este lugar con un proyecto que estéticamente se podría considerar minimalista, un arte de lo mínimo, pero al mismo tiempo tiene aspiraciones maximalistas, de crecer, arraigar y crear algo que nos trascienda”.

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Más de lo mismo

El catálogo del Ombú Bonsai cuenta con tres colecciones:

Bajo la Sombra del Ombú, en la que se editan a ganadores de premios municipales. Sus títulos son "Cuentos que soñaron con tapas" de Federico Ferroggiaro, "Como alguien que está perdido" de Marcelo Britos, “Libro de Filosofía” de Fabricio Simeoni, "Avión de sopa" de Polo Donatti y,  próximamente, "Molinari Baila" de Beatriz Vignoli.

Pampero, es una colección un tanto más libre, donde editan a jóvenes talentos.

Calandria, colección de obra poética que incluye “Góndola” de Andrea Ocampo y "Teoría de la lectura" de Roberto Retamoso.

Otros títulos son “Se nos cayó el sistema” de Quique de María y “Aescatografía” de Gonzalo Quevedo.

El Ombú Bonsai: 0341-155112488 // elombubonsai@gmail.com