El palo y la astilla tienen cara de mujer

Sábado, 5 de Junio de 2010,

Por Ulises Moset

Video: Mujeres de ojos negros

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Camila Olivé y Romina Tamburello

"Mujeres de ojos negros" se sumerge en el núcleo de una singular relación entre madre e hija.

Ser madre es lo más importante en la vida de una mujer”. La frase puede resonar como un típico aviso publicitario en cualquier revista de diario dominical pero seguramente refleja una verdad profundamente universal. El texto aparece en el pequeño programa de la obra “Mujeres de ojos negros”, dirigida por Paola Chávez y protagonizada por Camila Olivé y Romina Tamburello.

En una sala con muebles de madera, tetera de porcelana y teléfono a disco se enmarca esta historia, en la intimidad del living de una familia compuesta por una madre opresora y su hija, una adolescente extraña, mezcla de ternura y monstruosidad.  Ambas sostienen una relación neurótica en la que un cordón invisible las enlaza por la fuerza.

Existen también dos personajes ausentes: la abuela, un ser omnipresente en el que se puede olfatear la punta del ovillo, y el padre de la chica, un hombre desechado por el clan matriarcal.

La obra transcurre en un día como todos en esta familia donde el tiempo parece circular siempre de la misma manera. La joven comienza a plantear temas que trae de la escuela y allí aparecen el amor, la soledad, el abandono, el despertar de la sexualidad y la idea de futuro programado con minucioso cuidado para no volver a equivocarse, para que la familia no vuelva a caer en una nueva frustración  provocada seguramente por el hombre elegido, del que habrá que desprenderse llegado el momento.

Esta confrontación del mundo exterior, que la niña trae desde la escuela, con la realidad endógena del clan matriarcal, es el eje que convierte a la obra en un juego de tensiones entre madre e hija con climas que van desde el humor a la sordidez y viceversa.

El tránsito entre un clima y otro se da con absoluta prolijidad, con un reiterado intercambio de roles. A veces la madre puede parecer buena y le propone a la hija el juego de “Dinastía” (la exitosa serie americana de los 80), pero la parodia puede transformarse en un juego más peligroso, donde la dominación llega a traspasar algunos límites.

La ironía que aparece en los personajes es la justa dosis de humor que condimenta la obra para aflojar algunas tensiones en esa agobiante relación de poder basada en los residuos del pensamiento conservador más retrógrado.

Este recurso de la ironía funciona no sólo para descomprimir algunas tensiones, sino que también se puede entender como un posicionamiento respecto a los temas que van apareciendo, se trata de “una mirada irónica sobre las relaciones femeninas”, hasta el momento en que golpean la puerta.

El sólido trabajo interpretativo de Tamburello y Olivé, madre e hija respectivamente, está sostenido justamente por un profundo vínculo escénico que permite entrar y salir de los climas con gran fluidez, un material que Paola Chávez logra potenciar desde la dirección.

http://mujeresdeojosnegros.blogspot.com/

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El proyecto surge a partir del encuentro de ambas actrices en un taller de Montaje de Escenas a cargo de Romina Mazzadi Arro a principios del 2009, de un ejercicio en dúo en el que una debía escribir y dirigir a su compañera en un monólogo.

Dicho ejercicio generó inquietudes tales como para seguir trabajando y poder llevar este simple trabajo a un nivel superior, transformándolo en una obra. Para ello las actrices convocaron como directora a Paola Chávez.

La obra es una de las ganadoras del Concurso de co-producciones 2009 otorgado por el Área Artes Escénicas de la Secretaría de Cultura municipal.