Las Nómades de Manuela Suárez
Jueves, 21 de Junio de 2012,
Por Dardo Ceballos
Un recorrido por las páginas de una novela contemporánea que valora el trayecto por sobre el destino
Justo en este número que se trata de fans y otros fenómenos me toca escribir sobre Nómades, la novela de Manuela Suárez que por ahora, sólo por ahora tuvo una limitadísima edicion de 20 ejemplares a cargo de Editorial Campotraviesa que formaron parte de una venta casi performática en la tienda Gris Topo (Rosario) y en Cobra Libros (Buenos Aires), y que vaya a saber que bibliotecas están habitando en este momento.
Digo justo porque a fines del año 2010 los colegas de la Revista eSe me habían invitado a participar de una encuesta en la que una de las preguntas era “¿Cuál es el/la narrador/a rosarino/a menor de 35 años que más te interesa?” y yo que cada tanto solía leer el blog de Manuela me arriesgué a decir que con las cosas que allí escribía le bastaba para convertirse en la más interesante para mí, una especie de “promesa narrativa”
Capaz que eso algo tiene que ver con todo esto (escribiría Manuela), de algún modo me había declarado como “potencial fan” y resulta que esta edición de quinto aniversario llega justo al mismo tiempo que esta especie de avant premiere literaria que significa la primera edición de Nómades.
Lo que más me atraía de Manuela sigue intacto, escribe de un modo que seguramente sacaría de sus casillas a esos “mester de la maxmordonía” que clasificara Gerardo Deniz y que Rogelio Villareal tan bien define: Maxmordón es un término en desuso que significa “Hombre de poca estima, tardo, pasmado y sin discurso” y también “Hombre taimado y solapado”. La palabra, rescatada por Deniz, le fue aplicada inmediatamente a uno de sus colegas, “un sabihondo típico de editorial”, uno de ésos que se solazan exhibiendo sus conocimientos del diccionario y explicando a la menor provocación la grafía o el uso correcto de tal o cual frase o palabra.
Bueno, esas ratas de escritorio hubieran destrozado el blog de Manuela y también esta novela que recupera aquel modo de escribir y le agrega algo nuevo, una historia experimental repleta de luz que muchas veces suelta las palabras sin más, como quien necesita decirlo todo ya, como quien aprieta los labios e infla los cachetes con palabras para luego liberarlas todas y confesar: “Voy a escribir hasta sentirme mal voy a abrir la cabeza así hago un pasaje a otras cosas”.
Ese bien podría ser uno de los tantos actos psicomágicos que las protagonistas de Nómades llevan a cabo en la comunidad errante donde transcurre la nouvelle, tan lejos de las reglas de la ciudad donde habitaban como la escritura de Manuela del deseo de los maxmordones.
“Documentar todas las improvisaciones” es una de las premisas de la comunidad y también de la narradora desde aquel blog que ya escribía siempre de cara al futuro, desde la experimentación constante como único motor de cambio posible, que puede ser social si cumple otra premisa fundamental: “encuentren el material y divúlguenlo, inviten a todos”.
Nómades es, como pocas, una novela de nuestra época con personajes en fase beta permanente, que aún encerradas en una platónica caverna siempre están viajando hacia ningún lugar. Se trata de una estética del trayecto, de la dispersión, y del laboratorio social diría Reinaldo Laddaga oportunamente citado por Franco Ingrassia en un posfacio que no intenta cerrar nada, sino más bien dar continuidad al ciclo experimental.
Nómades de Manuela Suárez
Editorial Campotraviesa (2012)
Más de lo mismo
“(…) el interés por narrar no tanto la historia de los individuos separados o las comunidades más o menos orgánicas como la historia de las relaciones entre criaturas que no poseen de antemano un horizonte común, que se encuentran en un territorio que desconocen, y que improvisan las cambiantes normas que regularán, bien o mal, la relación en el curso de su despliegue. Estas composiciones de individuos, estas redes de relaciones están montadas en una general fluctuación de la cual son remansos o crestas.”
Fragmento de Estética de laboratorio (2010) de Reinaldo Laddaga citado por Franco Ingrassia en Posfacio de Nómades.




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