Sandra Corizzo presentó nuevo disco, cuyo nombre remite a La máquina de hacer pájaros.
Desde el nombre mismo del disco -un tema de Charly García en La máquina de hacer pájaros-, se entabla un diálogo que va más allá de las palabras, un recorrido propio que elige quedarse en una frase que a su vez nos lleva a una canción que nos lleva a una escena de la película que cada uno quiso ver cuando no se pudo hacer otra cosa. Así es el nuevo trabajo discográfico de la rosarina Sandra Corizzo.
Como muestra la ilustración de portada, en la maraña de celuloide hay lugar para que cada quien se encuentre oyendo, mirando, sintiendo, y a la vez se quede con aquello que excede el filme: la risa, el amor, el miedo.
En este trabajo, Corizzo nos enfrenta a una selección de películas muy diferentes en cuanto a temática y épocas que, en el resultado final, conforman un mosaico colorido y personal donde el espectador se suma y opina, afianzando esta sensación de diálogo que abre en el título y sostiene en los doce tracks. Además, cada letra compuesta especialmente en relación a la película escogida, viene precedida de una pequeña observación que funciona como catalizador entre la referencia directa y el tema en sí, que no se conforma con una simple evocación sino que reflexiona y propone formas de apropiarse de los filmes y sus posibles lecturas.
Con arreglos que abrevan en el jazz, el folk y la música de Brasil, Corizzo arma un disco delicado en conjunto y completa la propuesta individual con acertadas invitaciones de músicos que acompañan la interpretación de los temas. Guillermo Vadalá, Palmo Addario, Fernando Silva, Javier Allende, Ariel Migliorelli, Damián Verdún, Marcelo Stenta, Claudio Cardone, Julián Venegas, Eugenio Zeppa, Facundo Bergalli, Nicolás Sánchez, Virginia Morelli, S. C. Venegas y Salvador Trapani son los invitados que, a la manera del cine, multiplican los lenguajes para lograr un resultado complejo que seguramente en algún hilo encontrará el eco del público.
El único tema ajeno es el primero, “La edad de la incredulidad”, de “La bruja novata”, quizás el paso necesario para que la pérdida de la inocencia haga posible seguir imaginando. Como pasa con los libros clásicos, a veces de una película se retiene un momento, una imagen transmitida por el relato de otros, la visión del trailer entre pochoclos o la mirada fugaz a la promo del sábado en el canal abierto.
Si nos preguntamos por la película completa, quizás no la recordemos, quizás ni siquiera la vimos, pero damos cuenta de ella del mismo modo que sabemos quién era Don Quijote o conservamos un vago revolver de patitas de Gregorio Samsa. Eso sucede con las películas que aparecen presentadas en el disco. Dos de miedo: en “Momento de sexto sentido”, con el another dead people incluido, el acento está puesto en la cercanía de “yo te voy a ayudar, yo te voy a librar de los fantasmas”, leyendo el filme como una historia de amistad; todo lo contrario sucede en “De película”, donde la niña con el rostro oculto sale de la tele y sale también de nuestro interior “asesina serial que reclama su paz y tu desvelo”.
“Hechizo del tiempo”, “Buen entendedor” (Alta fidelidad), “Ven a mí” y “Novia Fugitiva” asumen la primera persona para pensar desde los personajes las decisiones que tienen que ver con el amor, preguntas que se abren a muchas respuestas: “¿cuántas palabras son pocas palabras?”, “¿cuántas palabras oculta un silencio?”, en canciones que se pueden escuchar muchas veces. Dos de vuelo: “No existe Peter Pan” recupera el Peter Pan que decidió crecer para ser padre y para volar necesita “un deseo como un rayo o una conmoción que te eleva por el aire” y “Marion”, bella flotando leve como en la filosófica “Las alas del deseo” de Win Wenders, la historia del ángel Daniel enamorado de la trapecista. Música para disfrutar más allá de haber visto tal o cual película, la inquietud de volver a pasar por determinadas escenas, formar parte de la historia que se cuenta no sólo con palabras.
Producido por Ariel Migliorelli y Sandra Corizzo, ante la pregunta qué se puede hacer salvo ver películas podemos contestar sin dudas: escuchar un buen disco.
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