Entre el 2 y el 4 de octubre se realizará en Rosario el primer festival dedicado a la literatura policial y al fenómeno de la criminalidad. Aquí una entrevista con uno de sus organizadores.

 

Rosario se ganó el mote de la Chicago argentina a principios del siglo XX gracias a su desarrollo económico y también al aumento de su criminalidad, fenómenos que eran como dos caras de la misma moneda, ambos unidos por el puerto y su funcionamiento. En aquélla época surgieron algunos personajes relacionados con la mafia y el crimen, quienes gozaban de una cierta “notoriedad” o un halo célebre de alguna manera, y que luego se transformarían en mitos de la ciudad: Chicho Grande, Chicho Chico y, en especial, Ágata Galiffi, llamada la “flor de la mafia”, figura que ha generado un sinnúmero de investigaciones, crónicas e invenciones literarias.

Retomando el apodo que supo ganarse la ciudad, a partir de mañana arranca el primer festival de literatura policial de Rosario, “La Chicago Argentina; Rosario, crimen y cultura”, organizado conjuntamente por un grupo de escritores y artistas de nuestra ciudad, encabezados por el escritor y periodista Osvaldo Aguirre, y asociados con el ECU (Espacio Cultural Universitario). Este festival se inscribe dentro de la corriente de otros encuentros y festivales similares que se llevan a cabo en diferentes lugares del país (como el BAN! en Buenos Aires o Córdoba Mata) y es un botón de muestra que evidencia el renovado interés por el género, no solamente por lo que se está produciendo y leyendo sino porque también se hacen necesarios espacios de reflexión acerca de los fenómenos de la criminalidad y la violencia, que han tenido nuevas aristas en los últimos años.

Es justamente este tema en particular sobre el que Osvaldo Aguirre elige empezar a contar y explicar cuando le preguntamos por el origen del festival. Si bien la idea original surgió de una charla con Carlos Sáez, editor de Del Nuevo Extremo, quien se preguntaba por qué Rosario no tenía aún su festival de literatura policial, Osvaldo admite que el festival “tiene que ver no tanto con la actualidad literaria como con la situación actual de Rosario (…) el problema de la violencia en Rosario, la cuestión de la criminalidad, ha tomado protagonismo hace unos años”.

Como la cuestión del delito es un problema también en el sentido cultural, el festival quiere plantearse como un espacio de reflexión y entrecruzamiento de ideas, trabajos e investigaciones sobre el tema, sin descuidar, claro, la reflexión literaria. Dice Osvaldo: “hay mucha gente que actualmente está trabajando sobre el tema, desde distintos ángulos: criminólogos, por ejemplo en la Facultad de Derecho están discutiendo mucho sobre eso, hay también un desarrollo de la crónica policial muy interesante, autores de literatura, historiadores que trabajan sobre aspectos muy puntuales, poco conocidos, como la prostitución (…). Dada esa producción, quisimos crear un lugar donde todo eso se articule y entre en contacto, porque cada una de esas personas se va alimentando del resto”.

Al hablar en particular de la eclosión que ha tenido en la ciudad el tema de la violencia y la criminalidad, el escritor reconoce que por sus características y por el alto impacto que producen, éstos son episodios sobre los cuales la reflexión es difícil, ya que siempre la reacción ante el hecho es inmediata, el análisis es algo que lleva más tiempo.

Teniendo en cuenta esto último, ¿cuál es la postura o perspectiva del grupo organizador?

-El lugar es siempre el de la reflexión, la mal llamada “justicia por mano propia”, por ejemplo, es el tema de una de las mesas, donde van a estar la jueza Alejandra Rodenas, Esteban Rodríguez Alzueta, que es un criminólogo de la Universidad de Quilmes, y Marisa Germain, que es psicóloga. Esta mesa se titula “La percepción social del delito y del castigo”, para ver cómo funcionan estos conceptos. La idea básica sería donde hay un lugar común o una idea preconcebida, ponerla entre signos de pregunta. Esto también en temas específicamente literarios, hay una idea, un lugar común, que dice que la literatura policial documenta la realidad de su época, que es un género de denuncia; a eso hay que desarticularlo, hay que volver a preguntarse qué significa. Todo eso se actualiza, en el sentido de que hoy hay nuevas figuras del delito: Pájaro Cantero, Delfín Zacarías, Luis Medina. No nos interesan sus anécdotas, sino ver cómo funcionan esas figuras, cómo se han construido, en el imaginario policial, social, por qué esos personajes provocan tantos relatos. El nombre del festival viene en gran medida por eso, la actualización de ese título, es lo otro de Rosario.

¿Con qué criterio definieron las diferentes áreas temáticas del festival y los invitados?

-En cuanto a los invitados rosarinos, hay mucha gente que está trabajando en relación al delito, hay invitados relacionados a ciertos temas que no pueden faltar: la discusión del delito, Enrique Font, Eugenia Cozzi, gente que tiene una reflexión muy armada, que viene trabajando, no pueden faltar. En cuanto a la crónica, hay periodistas que vienen escribiendo mucho sobre el tema. En lo que respecta a los invitados de afuera, pensamos que en general los festivales otorgan visibilidad, son una vidriera, funcionan como reconocimiento, valoración o difusión. Aunque hay algunos nombres que son insoslayables (Juan Sasturain, Álvaro Abós) se trató de producir alguna variante, de invitar a alguna gente, gente más joven, del interior, no tan conocidos.

¿A qué público apuntan?

-La idea es apuntar al público en general, sin embargo, las diferentes mesas y paneles pueden tener públicos diferentes, algunos más especializados, como por ejemplo la conferencia sobre economías delictivas y lavado de dinero. A través de las redes sociales vamos viendo cuáles son las expectativas que se generan, la gente nos ha preguntado cuándo va a estar tal mesa o tal conferencia. Por ejemplo la mesa cuyo tema es el delito como objeto de la investigación histórica, un tema que tradicionalmente no ha sido considerado, hasta hace muy poco tiempo, diez años, es una mesa donde va a estar Lila Caimari y probablemente sea para un público más relacionado con la historia.

¿Y en lo referente a los invitados del ámbito de la justicia?

-Pensamos en Alejandra Rodenas porque es una persona que siempre ha estado ligada a la enseñanza universitaria, a la cultura. También, Daniel Shreiner fue quien propuso la mesa “No hay derecho. El justiciable”, con tres integrantes (Carlos Varela, Eugenia Cozzi y Francisco Broglia) que tienen una trayectoria reconocida en el tema.

Como “adicto” a la literatura policial, ¿cómo ves al género hoy?

-Es interesante pensar qué es hoy una novela policial, ya no cabe escribir una novela policial en los términos en los que pensaba Borges, en los que Walsh escribió sus primeros cuentos. Se pueden utilizar sus recursos, claro, pero hoy hay que hacerlo de otra manera. Hay autores nuevos, como Sancia Kawamichi, un escritor argentino de ascendencia japonesa, que ha publicado una muy buena novela, Hotaru, que según los cánones no es estrictamente una novela policial, y ganó el primer premio en el concurso de Novela Negra BAN. La literatura puede reflejar hoy en día el tema de la violencia, sus efectos y representaciones en la cultura popular, como el caso de los santos criminales, tema que se va a tratar en una mesa con Orlando Van Der Bredam y Leonardo Oyola.

En el marco del festival tendrán lugar varias muestras de arte relacionadas con el tema: Sangre, de Diego Levy, El Pollo Palacios, de Maus y Víctor Gaite, Retratos Criminales, de Pablo Smerling y Fantasmas, de Daniel García. Otro evento muy especial se llevará a cabo el viernes por la noche: un homenaje a Ariel Ávila, el cantante de La técnica del Hip-Hop, que fue asesinado en Empalme Graneros. Este homenaje contará con la presencia de Carlos Del Frade y Lisandro Rodríguez Rossi y el show en vivo de Mr. Rap.

Casi al final de la entrevista, Osvaldo Aguirre reflexiona sobre el fenómeno de la criminalidad: “Siempre hay que enfatizar en que el delito no es una cosa pintoresca, ni es un cuento folklórico, que siempre tiene las huellas y características de su época. Es un fenómeno histórico con sus características, no se produce cualquier delito en cualquier época, cuando uno lo investiga siempre muestra algo de la sociedad. El delito tiene una especie de efecto de arrastre, cuando la gente reacciona no solamente tiene que ver con lo específico del delito en sí sino que se acumulan también otras cosas: en el caso de lo que pasó en el barrio Azcuénaga, hay una especie de “sentido común” que se oye, esa idea de que la justicia protege a los delincuentes, de que los delincuentes nunca reciben el castigo que merecen, ese sentido común es lo más difícil de analizar, desarmar o cuestionar”.