Por Romina Gásperi
Notas de este autor

18 noviembre, 2014

Lautaro Lamas tomaba clases de arte circense en el Centro Cultural del Sur de Barracas y de teatro en el Estudio de Julio Chávez. Llegado fin de año le pidió tomar un café a Chavez y le planteó: “Quiero ser actor pero no quiero estar en Bs.As de casting en casting, de taller en taller sino que quiero salir a los caminos y actuar”. Ante su sorpresa, Julio lo alentó en su deseo. Le dijo que tenía el talento para hacerlo y que esa noche llegara a su casa y escribiera una primera palabra, cualquiera que se le ocurriera y que investigue sobre esa palabra para continuar. El resto saldría solo.

Así lo hizo. Aquella noche Lautaro no solo descubrió un método que sería el puntapié inicial para salir a viajar con su teatro, sino también una forma de crear, que al día de hoy sigue desarrollando.

Decidió volver a Rosario para seguir formándose y para terminar de armar el espectáculo que estaba plasmando. La idea era la de un personaje llamado Dionisio Luna, un clown, callejero, borrachín, que tras leer un conjuro de un libro mágico se transforma en el mago hechicero Pladimir Pladimichkoff, quien a su vez y tras beber una pócima, se transforma en el duende jocoso Jalizko. Cada uno de ellos tenía sus particularidades: Dionisio improvisaba compo clown, Pladimir realizaba magias, Jalizko danzaba y malabareaba bolas de fuego. Todas las transformaciones (vestuario-cuerpo) sucedían ante los ojos del público. El círculo se cerraba con la aparición de Dionisio nuevamente para pasar la gorra. El concepto era el de un espectáculo universal y trashumante, esto es: para cualquier persona en cualquier lugar.

El estreno fue en la vieja sala de La Morada de calle Buenos Aires, donde participaron varios de sus amigos. “Todos vestidos de crotos. Una noche llegamos al teatro – cuando todo el público estaba en la puerta- en un carro a caballo, tocando bombos y tirando papeles al aire. Otra noche cortamos calle Bs.As y por algunas cuadras hicimos una caravana de crotos, tocando instrumentos y escupiendo fuegos. Fue una experiencia muy liberadora”.

Läktyuka. PH Hernán Reig

Läktyuka. PH Hernán Reig

Empezó su ansiado recorrido hacia el sur del país y con el espectáculo Läktyuka como herramienta de trabajo. El primer lugar fue Puerto Pirámides. Allí se quedó un mes y continuó camino hacia Ushuaia parando en algunos lugares a hacer el espectáculo, pasando por Puerto Madryn, Dique F. Ameghino, Punta Arenas. Lautaro recuerda que en el trayecto de viaje con destino a Tierra del Fuego pensaba que actuaría para turistas, pero la realidad lo fue llevando a los márgenes de aquel maravilloso lugar y terminó haciendo la obra en el Centro Cultural Almafuerte y en una escuela de chicos discapacitados. Inesperadamente, pasó 16 días en Tierra del Fuego, con aquel público que, según dice, le devolvió tanto.

Siguió viajando dejándose llevar por el deseo de mostrar su arte y ver la reacción que provocaba en la gente, y la ruta lo fue llevando hasta El Calafate. Allí realizó más funciones y terminó en El Bolsón, tierra de hippies. En tres meses y medio y con 21 años se encontró viviendo de lo que amaba, la actuación y llevando el teatro por los caminos y, como dice él: “siempre pisando los márgenes”.

Un paso por sus pagos rosarinos y el recorrido de Dionisio continuó por Entre Ríos, Buenos Aires, Córdoba, Tucumán, Jujuy. De ahí, inquieto y con ganas de seguir construyendo tramas con su arte, viajó a Bolivia donde se encontró en Copacabana con unos amigos y así formó el grupo musical Jalë de Musa, en el que fue la voz principal, acompañado de una guitarra y un didjeridoo. Las letras de sus temas eran propios y los traducían al lenguaje escénico “Laktyuk”, un pseudo lenguaje inventado por él. Se quedaron casi dos años entre Copacabana y La Paz donde grabaron el disco Nuajfim, y en la ciudad del Cusco en Perú. Durante aquel tiempo cada tanto realizaba funciones. “Tuve el privilegio de actuar en la Isla del Sol, en el lago Titikaka; en la ciudad de Aguas Calientes, a metros de las ruinas de Macchu Picchu; y en un poblado de la selva peruana llamado Libertad”.

Su actuación como su música, pero sobre todo esta última, fueron cobrando expresiones y sonidos que Lautaro iba recopilando de aquellos paisajes, de la cultura y de todo eso que la gente le devolvía. Su arte fue mutando y se fue profesionalizando a medida que su viaje avanzaba. Viviendo en Cusco trabajó en gestión cultural con el grupo Q´ente, de la familia cusqueña Castro, sus “padres andinos”. Con ellos descubrió parte de la cosmovisión andina, del legado pre hispánico y la manera de ver el arte como herramienta de sanación y transformación personal y social. Así nació la idea de llevar al personaje Dionisio Luna a un terreno más teatral, un leguaje adulto, de mirada crítica y profunda. Así fue como Lautaro dicidió emprender un nuevo destino: Brasil y en la “Ilha do mel” escribió el proyecto que se transformaría muchos años más tarde en el unipersonal teatral-audiovisual llamado “Un croto”, con la ayuda y dirección de Sebastián de la Vallina, donde a través de las poesías de Cachilo, el poeta de los muros, algunos fragmentos de El Quijote de la Mancha, y dos cortos audiovisuales, se contaba la historia de Don Dionisio Luna.

Un Croto. PH Leo Galetto

Este trabajo experimental tuvo solo dos funciones y lo llevó al encuentro con el director Severo Callaci, con quien trabajó a partir del personaje Dionisio y varios textos personales, en la búsqueda de un nuevo unipersonal, esta vez profundizado por la gran mirada e impronta de Callaci. “Fue un año y medio de trabajo experimental juntos, muy profundo, poniendo nuestra fibra más íntima al servicio de la búsqueda; entrenando, escribiendo, leyendo, hablando muchas horas bajo la Santa Rita de la sala Alfred Jarry, lugar donde más tarde, se estrenaría la obra En el viento aire puro. Ese fue el renacer de Dionisio, y de alguna manera el mío como actor. Llevó diez años, desde la chispa de la idea hasta la concreción de llevar a Dioniso a un espectáculo teatral, profundo y sincero con nosotros mismos. Ahora empezaba el recorrido”.

Un año después hicieron temporada en las salas de El Rayo y La Manzana, y más tarde en el Centro Cultural La Grieta, “cultura sin moño”, como le llaman, ubicado en zona sur de la ciudad. “Esta experiencia me dejó ver al teatro como herramienta de transformación social, y sumado al lugar, el barrio, las charlas con el flaco Palermo (creador de la Grieta), me fueron confirmando algunas ideas que latían adentro mío. Fue encontrarme con los márgenes nuevamente y el teatro fuera de su espacio convencional”.

En el viento aire puro. PH Silvio Moriconi

Aire Puro. PH Silvio Moriconi

En su recorrido, Lautaro fue parte del 1º Festival de teatro Del Semillero, participando de obras de ex-alumnos de la Gurruchaga y actuó en ese galpón donde se había iniciado, junto con tantos de los teatreros rosarinos. A partir de ahí, tal vez por la frescura del público adolescente, la obra fue tomando otro brillo. Como todos los caminos, a veces uno se corre pero, siempre se vuelve al ruedo y este actor todavía joven para esta profesión, retornó a los caminos de Dionisio Luna y llevó esta obra a Santa Fe (Sala Foro de UNL), Corral de Bustos (Sala E.Torres) y Tucumán, donde la experiencia con los amigos del grupo Manojo de Calles (Sala Fuera de Foco) lo marcó para lo que vendría después.

Este año le llegó una noticia tan inesperada como emocionante. Supo que iba a participar del Festival del Monólogo Latinoamericano, en Cienfuegos. El sueño se concretó y Lautaro viajó a Cuba a hacer dos funciones y como si esto fuera poco, fue premiado por el jurado del festival a la Mejor Actuación Masculina; y por la Casa de Cultura de Cienfuegos “Por defender para todos la identidad de un teatro latinoamericano”.

Un artista necesita expresarse y a veces una sola forma no alcanza para manifestar eso que lleva el actor adentro. La música, los paisajes, el público que se fue ganando en el camino y el empezar a trabajar en conjunto, le dieron otra impronta a su teatro, y aquella palabra que pensó en su habitación después del café con Chavez, ya estaba sonando distinta, al menos con otra musicalidad.

La Guarida del Zorzal. PH  Leo Galetto

La Guarida del Zorzal. PH Leo Galetto

“Dionisio sigue su camino. Presentando este trabajo en donde nos abren las puertas. Algunas hay que golpearlas más fuertes que otras; nuestro deseo es hacer un trabajo que viaje en el tiempo y el espacio, es decir que ande por los caminos y que corran los años y poder seguir mostrándolo. La aventura es infinita”.

El viaje de este actor no termina, y los caminos ahora lo llevan a mostrar su teatro en Rosario, el punto de partida de esta travesía. Algunos dicen que “nadie es profeta en su tierra”, pero Lamas intenta romper con ese viejo mito y se entrega a su público rosarino tanto como al que se fue ganando en su recorrido. Hace poco estrenó una nueva obra junto con el grupo Chakaruna (en quechua hombre-puente); “La guarida del zorzal”, un trabajo grupal de tres años de búsqueda con los actores René del Sol, Leonardo Oliva y la directora Valeria Rico. Una obra que se puede ver en su tierra.

PH Sebastián Suarez Meccia.