Era una noche de septiembre del año 2006. Martín Buscaglia aterrizaba con su banda por primera vez en Rosario para tocar en el bar Berlín, en el marco de una fiesta de Radio Universidad y gracias a la gestión de quienes hacían la primera temporada del programa Más Tarde que Nunca. Para su sorpresa, lo esperaba un público que ya sabía sus canciones, que entendía de silencios y el guiño que les permitía levantar la voz. Desde entonces, el cariño y admiración hacia el artista uruguayo se forjó de tal manera que resultó ser invaluable. No por casualidad, debe de ser una fuerza que guía.

A punto de cumplirse una década del primer recital de Martín Buscaglia en la ciudad y ante una nueva visita, nos reencontramos con él y conversamos sobre aquel momento, las giras, los discos, el presente y el poder de la música arriba y abajo del escenario.

Se están por cumplir 10 años de tu primer recital en Rosario, ¿qué recordás de ese primer acercamiento con la ciudad y de esa etapa de tu carrera?
Lo recuerdo con mucha emoción y con bastante claridad porque fue la primera vez que toqué fuera de Buenos Aires. Me acuerdo de la emoción de ver a la gente cantado las canciones. Es una cosa que después viajando la he reproducido algunas veces, pero esa vez en particular es de las que quedaron especialmente en mi recuerdo. Es muy emotivo el hecho de llegar a un lugar que no es tu país, que no es tu ciudad y que haya alguien esperándote, alguien conectado con lo que vos hacés y sientas que está entendiendo todo. Te diría que de lo mejor que te puede suceder como músico. Lo recuerdo clarísimo, de hecho la banda con la que toco hasta el día de hoy, Los Bochamakers, se bautizó en ese viaje a Rosario, así que lo tengo en mi corazón.

Pasan los años y es evidente que hay un público fiel que cada vez que venís te devuelve la mirada y canta tus canciones. ¿Qué sentís al percibir esa demostración de cariño y respeto hacia tu música?
Ahí es cuando cobra sentido todo. Te nace hacer cosas públicas si realmente se completan en otro. Si cantás una canción en el medio de un bosque, no es una canción. Es una canción cuando la escucha alguien y la termina, la entiende a su manera y eventualmente se va cantándola. Por eso tiene tanto poderío ritualístico el dar conciertos. Me encanta también grabar discos y me parece imprescindible aprender y meterse en las diversas aristas y facetas que tiene la música, pero el hecho de poner el cuerpo es imbatible. Es lo más poderoso de todo.

Podríamos decir que no sos un artista que se limita a un tipo de música y eso se ve reflejado en tus discos, colaboraciones con otros artistas y shows donde jugás con todos los recursos que te permite el vivo… A la hora de componer, en ese momento de creación, ¿te dejás llevar por lo que te pide la canción o también te imponés ciertas reglas?
Depende. Hay un solo tipo de música, la música es una sola cosa, igual entiendo y me parece que también es importante que vos encuentres tu esencia y que la puedas pulir y hacer brillar. Sea cual sea. Y si esa esencia es dedicarte toda tu vida a tocar tango está bien que así sea. No es que sea un defensor o un promotor del eclecticismo. Me parece que no, al revés: si sos, sos; y si no sos, no sos. Si querés tener una discoteca muy amplia y variada pero realmente esa discoteca no te afecta y no conecta contigo es inútil. Para eso tenés una discoteca más limitada o más específica e igual podés sacarle mucho jugo a un solo género. En mi caso tengo una discoteca muy amplia porque he sido así desde que tengo memoria.

A la hora de componer me parece que está bueno todo. Poner cuerpo, mente y alma. No hay que dejar que se debilite ninguno, es como hacer malabares. Con dos elementos es demasiado fácil, pero tres -cuerpo, mente y alma- tienen que estar siempre. A veces ponés el énfasis en algo más metódico, de decir por ejemplo “bueno, quiero escribir con tal parámetro poético o investigar tal género, tal época, aprender cómo se toca y cómo se concatenan los elementos”. Pero también es imprescindible ser una canal y creo que eso se ve en mis discos, en mis canciones. Hay temas que tienen tres acordes y cuatro palabras y otros que tienen trescientos acordes y cuatrocientas palabras. No va en la cantidad. Es hondo Hermeto Pascoal tocando muy rápido una melodía muy intrincada y con armonías muy maravillosas, y es igual de hondo y profundo Bob Marley tocando tres acordes a un ritmo de reggae lento.

Siempre y cuando sea genuino es válido, no?
Está bueno esforzarte, obvio que si tu espíritu tiende a componer siempre temas muy intuitivos y simples, solo con la música del momento, inevitablemente por más mágico que sea, si no lo laburás, se agota, se repite y te aburrís de vos mismo. Lo mismo si tenés un cerebro muy conceptualista. Si sólo te quedás ahí se agota y está bueno probar en ciertos lugares. Por suerte la música, como la vida, es muchísimo más vasta, más amplia, más grande que cualquier músico. Siempre tenés lugares en donde perderte y reencontrarte.

Después de tantos conciertos, ¿seguís disfrutando salir de gira o preferís los momentos de estudio, grabando y componiendo canciones?
Disfruto todo, de la gira en particular disfruto mucho el estar en tránsito y lo fui descubriendo con el tiempo. Lo que más me gusta es ese no-lugar, cuando estás yéndote de un lugar y llegando a otro. Mucho más que la postal. El trayecto, ese lugar en donde te coloca. Lo veo como cuando te estás por despertar, ese momento en el que sos poesía y te viene un torrente de palabras e imágenes que no las podés apresar porque sería como querer atrapar peces con la mano. Esa sensación que te dan los segundos antes de despertarte en la mañana o si estás por dormirte que no es estar soñando ni estar despierto. Creo que tiene muchas equivalencias con el estar en tránsito, con estar viajando.

Foto: Multitasker

Foto: Multitasker

“Una cosa que he hablado con amigos colegas que también tocan y giran mucho es sobre la maravilla que es el dar un concierto, el lugar en el que te coloca. Podés estar preparándote mucho tiempo o distraído y estar cinco minutos antes hablado sobre Messi. Eso no importa, la cosa es que cuando entrás en ese lugar es un territorio religioso. Por algo la religión, así como las artes, cuando éramos cavernícolas eran una sola cosa. Era lo mismo bailar, que cantar, pintar y contar un cuento. El sentimiento de azoramiento y de incomprensión emotiva ante lo vasto del universo es inherente al ser humano. Pasaría aunque vivas sola en una isla, tendrías un espíritu artístico y un espíritu religioso. Y todo eso se conjuga en la ceremonia que es tocar en vivo. Eso siempre vuelve, nunca es igual, siempre quedas satisfecho, agradecido, inspirado”.

Tenés un largo camino dedicado a la música, ¿hay algo que aún anheles cumplir?
Montones de cosas pero no como mojones en la trayectoria. Simplemente quiero hacer más discos y que sean –entre comillas– mejores, que me representen cada vez más. Seguir viajando, juntándome con otra gente, seguir escribiendo, es infinito. Inclusive el no tocar es parte de hacer música, eso también sería un paso importante en el camino de convivir con lo musical y lo artístico.

Si tuvieras que elegir un disco de tu carrera como carta de presentación, ¿hoy con cuál te sentís más identificado?
Es imposible! Me siento identificado con el que estoy empezando a grabar ahora y que posiblemente salga el próximo año porque estoy haciendo un montón de cosas al mismo tiempo. Con cada uno me sentí identificado en su momento, hay algunos que son más cancioneros, otros más estrambóticos y otros más simples. Creo que son todos juntos, elegí el que quieras que va a estar bien! [Risas]. Realmente no tengo uno, el último que grabé junto a Antolín (Experiencias Musicales) que creo que es el disco para menos gente, para que se enamoren unos pocos y que sé que muchos otros no pueden conectar con él, es el que siento más cercano. Algo muy lindo que me pasa cuando toco en vivo es que puedo seguir tocando temas de mi primer disco porque la canción se rehace cada vez que la tocás como se hace cada vez que la escuchás. Como un libro o una canción de Spinetta que grabó en el 90 y sigue siendo moderna. Si me gusta, el tema está bueno y lo canto hoy sigue siendo un temón y contemporáneo. Un libro que está bien, lo leés ahora y dentro de 20 años te va a seguir emocionando, de un modo diferente porque vos vas a ser otro. Pero el libro va a ser el mismo, las palabras van a ser las mismas.

Lo maravilloso de la música es que no tiene fecha de caducidad…
Claro, el arte en general y la naturaleza también. Me acuerdo de Fontarrosa con Inodoro Pereyra. Inodoro llamaba a su mujer a ver el amanecer y ella le decía “no, si ya lo ví ayer”. No! Es un chiste eso. No porque ya lo viste va a dejar de emocionarte un amanecer.

Para finalizar, ¿podés adelantarnos cómo va a ser el show que vas a dar en Rosario?
Voy a tocar más con la guitarra criolla, será un show acústico. Esta vez quiero hacer más énfasis en la cosa juglaresca, del arte de la palabra, la canción. Y voy a ir acompañado por Mariana Lucia, una cantora y compositora brasileña-uruguaya muy mágica, muy especial. La voy a invitar a cantar algunos temas conmigo y a que cante temas de ella que son realmente poderosos.

Martín Buscaglia se presenta este miércoles 6 de julio, a las 21hs, en Distrito 7 (Ov. Lagos 790) junto a Mariana Lucía.