Montevideo bajo la lupa de Vincent Vega
Cruzamos el charco en semana de turismo musical y entrevistamos a un dúo de canciones electroacústicas.
Play 'Del campo a la ciudad', Vicent Vega
Parece mentira las cosas que veo
Montevideo es como Rosario, pero con 'el
Chivito y la
Patricia'. Una escala similar que los resguarda de la esquizofrenia de las grandes metrópolis, de la sensación de que nada queda por hacer. Una Ciudad vieja, barrios con destellos de Carnaval todo el año (sus habitantes ocupan gran parte del año en la preparación de trajes y ensayos para la fiesta de febrero) y un singular puerto de un mar que avanza hasta mezclarse con las aguas del Río de la Plata.
Pareciera que ese mismo accidente hidrográfico revelara otro Montevideo, el de la fusión o quiebre estilístico, el del mestizaje con otras voces, el de los tambores que se guardan para permitir el despunte de nuevos sonidos. Porque no todo es candombe ni murga (ni saludo, cuplé y retirada) en Montevideo.

Aprendiendo el catequismo que enseñan sólo los viajes
Llego a Montevideo en semana de turismo. Recorro disquerías, en un peregrino deambular entre góndolas que ofrecen música popular uruguaya, murga o bandas de rock vernáculo. Reseteo el viaje y descubro en la peatonal Bacacay (a pasos del Teatro Solís y de la calle Sarandí)
La Lupa Libros: pequeño reducto multimedial que parece congregar parte de la escena indie montevideana que asoma detrás de los tablados del Parque Rodó, o de las Llamadas de Palermo. Espacio donde además de una vasta selección de libros, hay una sala de arte, se dictan talleres y se organizan ciclos de lectura y recitales. Me auguro entonces un final de ruta clamoroso. Encuentro los discos que buscaba.

Ni Drexler, ni Rada, ni Cabrera, Vincent Vega.
Gratamente doy con el de
Vincent Vega (2009), un dúo de guitarras acústicas, más cercano a la canción anglosajona que al candombe, a los Beatles que a Zitarrosa. Portador de un sonido de armoniosa cadencia folk, acompañado por dos voces que dialogan al unísono en melodías de fresca melancolía sesentista. Con evocaciones a los Beatles de Abbey Road, reminiscencias dylanescas y guiños a Elliot Smith y Neil Young, dicen sentir afinidad (en su faceta más pop) y cariño, por su coterráneo
Eduardo Mateo. Formado por Mauricio Sepúlveda y Matías González, dos estudiantes avanzados de psicología que vienen de otros proyectos personales y por una tercera cabeza que parece formar parte también del backstage ideológico de la banda: el artista
Rodrigo Camy Betarte (Levedad), responsable de la imagen del grupo y poseedor de un universo visual cuyo gesto personal aporta un link
naïve a la propuesta global que es Vicent Vega: 'canciones para luego de levantarse'.

El disco homónimo incluye 11 canciones y un bonus track, cuya lírica remite a paisajes sensoriales, relatos de desencuentros cotidianos, agridulces poemas de amor y. desamor, que descansan en diáfanos pasajes electro-acústicos, melodías rasgadas, armonías vocales y exquisitos arreglos de guitarra.
Del carismático personaje de gangster decadente que interpretaba
John Travolta en
Pulp Fiction, tal vez
Vincent Vega haya heredado el manejo de las armas: la guitarra es la que mejor le sienta, y a diferencia de la torpeza del norteamericano, los uruguayos lo hacen con sensible habilidad.
txt: Daniela Podlubne