Por Ivana Romero
Notas de este autor

16 noviembre, 2011

Al principio fue un trapo que pintaron entre todos. Mientras ellos escribían “Putos peronistas” con acrílico en una casa de Virrey del Pino, Iara Ibarra les arrojaba piedrazos a unos pibes que le gritaban “travesti” ahí cerca, al costado de la Ruta 3. Después volvía a su trabajo taconeando como una reina, aunque los tacos se le hundían un poco en el barro y la madrugada.

Esas son las primeras escenas del documental Putos peronistas, cumbia del sentimiento. Dirigida por Rodolfo Cesatti, la película sigue los pasos de esta organización desde 2007, cuando los PP aparecieron por primera vez en la Marcha del Orgullo con su bandera recién pintada y la consigna “el puto es peronista, el gay es gorila”. Por entonces, ser peronista no estaba tan de moda. Y, como cuenta Pablo Ayala, uno de los fundadores de los PP, una cosa es ser marica en Palermo y otra donde viven ellos, en La Matanza.

Estos muchachos entienden al peronismo como una identidad política y de clase. Por eso su bandera se completa con “tortas, travestis, trans y putos del pueblo”. Apropiarse de las palabras dichas como insultos, salir del estigma y volverse sujeto político. De todo eso habla el documental. Un gesto que tiene su correlato, por ejemplo, en el camino que hace Iara desde las rutas del Conurbano hasta el día que en la ex Esma defiende la necesaria sanción de una ley de identidad de género ante un público selecto.

Cesatti cuenta la cotidianidad de un barrio pero también la convulsión de una época histórica, que atraviesa la aprobación la ley de medios, el matrimonio igualitario e inclusive la muerte de Néstor Kirchner. Los PP estuvieron siempre ahí, en la plaza. Como dice Victoria Aspera en un tramo de la película, no hay causas sectoriales sino luchas colectivas. El documental espera su estreno comercial mientras tiene pautadas algunas exhibiciones. Su destino no escapa de la lógica de los PP: subrayar la tensión entre el centro y la periferia para construir una geografía nueva e inclusiva. Con los dos dedos en ve.