Ese miércoles se hizo largo. Fue una mañana de rutina, de levantarse temprano, ir a la oficina, poner el culo en la silla y dejar que la pantalla de la computadora se chupe todo mi cráneo. Fue tardecita de fútbol para liberar al esqueleto y sacudirlo en otra cosa, hasta que el miércoles se hizo noche y hubo más. Hubo pos.

La invitación sonaba extraña: una muestra de arte pos-porno que empezaría a las 20 y duraría toda la noche, hasta las 5 AM. El Café de la Flor prometió liberar todos sus espacios para entregarse al placer de una muestra coital, por obra y gracia del Espacio Wip+, su rinconcito dedicado al arte contemporáneo.

Eran las nueve de la noche y la gente se saludaba en la vereda de Mendoza 862, se formaban grupitos que entraban y salían con los vasos cargados. Era una suerte de after office histriónico a fines de agosto.

El primer saludo se lo llevó el merchandising inscripto en las remeras. La curiosidad comenzó a ponerse caprichosa, me revoleaba de un lado a otro. Me terminó llevando de un tirón al Wip+, con las obras colgadas donde los dibujitos naif de Flor Balestra perdían toda su inocencia. Un pequeño televisor los animaba y otro aparato en blanco y negro, de la época del Mundial 78, aullaba con escenas de zoofilia entre el público que se despatarraba en los sillones.

PH Alfileresentuscorneas

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La barra estalló con el trago especial del evento: el Sprinkle, que resulta de la mezcla de vodka, jenjibre y naranja.
El nombre del trago tenía sabor a homenaje. Annie Sprinkle fue prostituta y actriz porno yanqui entre los años 70 y los 90. Fue quien acuñó el término posporno para definir a toda una corriente artística y política que a comienzos de los 80 se levantó contra la heteronormatividad dominante en la industria del género.

Es la voz de aquellos cuerpos y prácticas que disienten con el mandato único del goce heterosexual y su opuesto cristalizado en la militancia LGTB. El activismo queer (raro) abarca una serie de discursos que lo ubican en una especie de tercera posición, es el grito de los excluídos por la norma deseante: travestis, transexuales, intersexuales, ciborgs, tortilleras, sadomasoquistas, drag Queens, drag Kings.

La militancia posporno es una vuelta de tuerca del feminismo, implica toda una radicalización punk. Supone una reivindicación por parte de todas aquellas mujeres que, como explica Beatriz Preciado, han sido consideradas como “los bajos fondos de la victimización femenina”, los “malos sujetos”, las “mujeres al margen”; es decir, en este nuevo desplazamiento del sujeto político mujer tomaron la palabra las putas, las violadas, las actrices porno. Aquellas que, según Virginie Despentes, constituyen todas las “excluídas del mercado de la buena chica”, que hartas de ser consideradas víctimas se alzaron con la palabra.

El Café de la Flor se estaba poniendo raro, se estaba volviendo queer. El furor estaba puesto en una obra que ocupaba el corredor principal, antes de llegar al patio. Era una especie de “bululú”, un panel con los huecos circulares para poner la cabeza y sacarse una serie de fotos para inmortalizar el momento.
Porque una sola foto no bastaba, tenían que sacarse varias. Las imágenes del panel eran penes, caras y anos, era una especie de orgía impulsada por los artistas Federico Leites y Pablo Taverna.

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El patio explotaba: pizzas, porrones, música a full, mesas intervenidas con porongas dibujadas en las sillas, obras colgadas por las paredes, una pantalla gigante reproducía genitales en primer plano, coitos y algo de sadismo.

Ahí me voy enterando un poco más de qué va la cosa. La muestra surge cuando el equipo de Espacio Wip+ se pone en contacto con el Colectivo Garpa!, el grupo que viene impulsando la movida posporno en Buenos Aires y que la va contagiando por otras ciudades del país. Arrancaron en un cine de Constitución, luego pasaron por La Plata, llegan a Rosario y se preparan para el choque con ciudades más conservadoras como Villa María y Resistencia.

Marcelo Páez, de Garpa!, aclara que en Buenos Aires y La Plata el fenómeno se vive con una mayor intensidad desde el activismo militante y que en Rosario prefieren introducirlo a través de un cruce artístico que se articule con lo audiovisual, lo literario y lo performático.

La noche iba entrando en calor, algunas chicas ya bailaban en el centro del patio, mientras Virginia Negri arengaba proclamas sexuales por micrófono: “si nos organizamos cogemos todos”.

Los baños escupían frases y dibujos. Se comentaba que en la caja negra, el salón del fondo tal vez se ligaba una mamada. Nada de eso, más instalaciones fálicas y una proyección en la que Nadia Soler retozaba en el campo como una quinceañera descubriendo lo prohibido. Todo quedaba flotando en el aire, sólo unxs pocxs se escabullieron detrás de las cortinas: una minoría intensa.

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A lo largo de toda la noche las obras de Carlos Aguirre, Carlos Herrera, Clara Smith, Darío Ares, Damita Dinamita & Stickboxing, Juan Angel Szama, Maus, Magalí Pallero, María Gabriela Di Franco, Marina Besada, Matías Moreira, Roberto Echen, Victoria Bueno, Alfileresentuscorneas, Underbit y el músico Charlie Egg dieron por inaugurada la movida posporno en Rosario, una rareza que sumó diversidad y algo de provocación a la escena contemporánea local y que promete regresar por más.